La filosofía emplea un modo de proceder diferente y no como las ciencias que tienen un contenido diferente o tienen otro fin, y si empleara el mismo proceder de las otras ciencias no serviría para captar la verdad, es así como se encuentra en una situación desigual.
El comienzo de la formación y del remontarse desde la inmediatez de la vida sustancial tiene que proceder siempre mediante la adquisición de conocimientos de principios y puntos de vista universales, en elevarse trabajosamente hasta el pensamiento de la cosa en general, apoyándola o refutándola por medio de los fundamentos, aprehendiendo la rica y concreta plenitud con arreglo a sus determinabilidades, sabiendo bien a qué atenerse y formándose un juicio serio acerca de ella.
La verdad se presenta existiendo, es así como la verdad no puede ser sino el sistema científico, esta necesidad de que el saber sea ciencia radica en su naturaleza, y la explicación cómoda sólo puede ser a través de la exposición filosófica y demostrar que ha llegado la hora de que la filosofía se eleve al plano de la ciencia, el poner la verdad figura de la verdad en esta cientificidad lo que vale tanto como afirmar que la verdad sólo tiene en el concepto el elemento de su existencia, si lo verdadero sólo existe en aquello o, mejor dicho, como aquello que se llama unas veces intuición y otras veces saber inmediato de lo absoluto, religión, el ser, no en el centro del amor divino, sino el ser mismo de él. La sustancia no debe buscarse en el concepto, sino en el éxtasis, si no en el entusiasmo. Pero la filosofía debe guardarse de pretender ser edificante.
La ciencia que, hallándose en sus comienzos, no ha llegado todavía a la plenitud del detalle ni a la perfección de la forma, se expone a verse censurado por ello, todo depende de que lo verdadero no se aprehenda y se exprese como sustancia, sino también y en la misma medida como sujeto, es por eso que desconocer la razón el excluir la reflexión de lo verdadero, en vez de concebirla como un momento positivo de lo absoluto.
El resultado es lo mismo que el comienzo simplemente porque el comienzo es fin; o en otras palabras, lo real es lo mismo que su concepto simplemente porque lo inmediato, en cuanto fin, lleva en sí el sí mismo o la realidad pura.
El puro conocerse a sí mismo en el absoluto ser otro, supone que la conciencia se halle en este elemento, en lo absoluto .
La ciencia, por su parte, exige de la autoconciencia que se remonte, para que pueda vivir y viva en ella y con ella, su derecho se basa en sua absoluta independencia, en la independencia que sabe que posee en cada una de las figuras de su saber, pues en cada una de ellas, sea reconocida o no por la ciencia y cualquiera que sea su contenido sea, el individuo es la forma absoluta, es decir la certeza inmediata de si mismo; y si se prefiere esta expresión, es de este modo ser incondicionado.
El que la conciencia natural se confíe de un modo inmediato a la ciencia es un nuevo intento que hace, impulsada no se sabe por qué, de andar de cabeza; la coacción que sobre ella se ejerce para que adopte esta posición anormal y se mueva en ella es una violencia que se le requiere imponer y que parece sin base como innecesaria. El individuo singular, en cambio, es el espíritu inacabado, una figura concreta, en cuyo total ser allí domina una determinabilidad, mostrándose en cuyo total ser allí domina una determinabilidad, mostrándose las otras solamente en rasgos borrosos
.Bibliografía: Fenomenología del Espíritu, trad. Wenceslao Roces, Fondo de Cultura Económica
ELABORO: Beatriz Alvear Díaz
jueves, 10 de diciembre de 2009
La Historia de Jesús. La Religión Revelada
La Historia de Jesús. La Religión Revelada
Hegel argumenta que a través de las contradicciones el ser devenga pero al mismo tiempo que se dan dichas contradicciones se avanza para alcanzar lo que él llama: Espíritu absoluto.
Hegel nos habla de “el sí mismo, que es la escencia absoluta”, “el movimiento y la inversión de dicha proposición”[1]. El sí mismo viene de lo particular y de lo absoluto, es decir, que cuando pensamos en lo absoluto o divino, necesariamente lo hacemos a través de lo particular, en ese sentido el espíritu se conflictua, ya que Dios se reconoce así mismo a través de nosotros,
Hegel nos muestra cómo en un enunciado donde hay sujeto y predicado, éste último es igual a la sustancia separado del sujeto, “El sí mismo es la esencia absoluta”[2]
Para abordar la vida ética, según Hegel, tiene que ser desde lo general, abstracto o universal, pues desde ahí, desde lo abstracto derrama su singularidad y a la vez ésta “Se eleva desde este contenido y su ligereza la depura en la persona” [3]”En la vida ética el sí mismo se ha hundido en el espíritu de su pueblo, es la universalidad plena” .
Al mismo tiempo su pueblo avanza a través de las fisuras que la historia va registrando, el “espíritu” camina hacia lo absoluto, es decir, que en tanto el pueblo se deviene el espíritu avanza, contradicción misma, que nace desde lo divino (abstracto), y lo terrenal (concreto)
Cuando Hegel dice que “la conciencia sólo dentro de sí es la esencia”, está imposibilitando a la representación del objeto en el sujeto dado que la esencia necesariamente, será a priori, sin embargo para saberse como objeto, necesita el reconocimiento jurídico y al darse éste se da un traslado a la conciencia en donde encontrara su verdad.
Por otro lado si bien es cierto que la religión ofrece la verdad a través de Dios (lo absoluto, divino, perfecto), para conocer dicha verdad, lo absoluto tendrá que concretarse o individualizarse a través de Jesús hijo, quien por medio del espíritu santo se encarna convirtiéndose en igual al ser humano, imperfecto, consumándose así la “trinidad”
Ahora bien, Hegel nos dice en estas dos proposiciones lo siguiente:
a). Cuando la sustancia impide al sujeto incluir al “para si”, convirtiéndose en autoconciencia, “la sustancia se enajena de sí misma y se convierte en autoconciencia”.[4] Y,
b).Cuando la autoconciencia permite al sujeto representar al objeto “cuando la autoconciencia se enajena y se convierte en coseidad o en sí mismo universal” son inversamente proporcionales pero al mismo tiempo necesitadas una de la otra dado que en ellas, al darse su acercamiento o su devenir, se encuentra el espíritu.
“….tiene una madre real, pero un padre que es es sí como la sustancia son sus dos momentos o la autoconciencia mediante cuya mutua enajenación convirtiendose cada una de ellos en el otro, el espíritu cobra se alli como su unidad”[5]
Como hemos visto la autoconciencia impide la representación del otro, es decir la autoconciencia únicamente es “en sí” y “no para si” por lo que según Hegel no existe devenir de tal modo que el “espíritu es atributo al ser alli por la imaginación”[6] y esta estada representa en la vida misma, por la
naturaleza y la historia. En cuanto al terreno religioso, utilizan estas manifestaciones de la imaginación, para demostrar su verdad, sin embargo dice Hegel, que esta significación, “no logra ninguna fe ni veneración”
Por qué Hegel nombra a la religión, religión revelada?. La Religión oferta lo absoluto, lo abstracto, sin embargo para poder entender o vivir lo que esta religión ofrece, necesariamente tendrá que ser entre iguales, entre seres humanos, por lo que lo abstracto se convierte en concreto encarnando así a la esencia divina y justo es ahí donde ésta (la esencia divida), es revelada.
“…En ella la esencia deviene sabida como espíritu o es su conciencia sobre sí de ser espíritu…Por ello en esta religión es revelada la esencia divina”[7]
La conciencia se puede manifestar en dos casos, como esencia absoluta, es decir como un sí, mismo, o bien, cuando se le concede un otro a ésta, un secreto, como diría Hegel, es decir, representando a la conciencia un objeto y siendo éste mismo el secreto, cuyo objeto será para sí. “Este ser secreto termina cuando la esencia absoluta es, como espíritu, objeto de la conciencia”[8]
No es posible llamársele espíritu absoluto en la pura esencia abstracta, dado que tiene acompañarse de su contradicción, es decir éste desciende para darse a sí mismo la forma.
Si bien es cierto que la religión busca la verdad, esta tendrá que ser a partir de su propia contradicción, es decir si su postulación máxima es Dios, siendo éste perfecto, omnipotente, a quién entonces les ofrecerá dicha búsqueda?, sino a otros inferiores a él, y para que esto se dé, tendrá que darles el libre albedrío como algo necesario para ofrecer entonces su doctrina.
“El hombre es representado como algo acaecido, como algo no necesario, como si hubiese perdido la forma de la igualdad consigo mismo al probar la fruta del árbol del conocimiento del bien y el mal, siendo arrojado fuera de la conciencia inocente de la naturaleza que se le entregaba sin trabajo del paraíso, del jardín de los animales”[9]
Hegel habla de los llamados “momentos universales” los cuales son todos aquellos incluidos en el predicado,”el bondadoso, el justo, el santo, el creador del cielo y de la tierra” y que además tienen relación directa con aquellos acontecimientos históricos los cuales son necesarios dado que encuentran “su retorno de la conciencia al seno del pensamiento” estos momentos pueden ser sabidos pero no necesariamente revelados, ya que para los primeros en todo caso son revelados así mismos y en los segundos, este sí mismo permite para el que es allí.
“Cuando esos momentos son sabidos, su fundamento y su esencia, el sujeto mismo no es aún revelado y lo mismo ocurre con las determinaciones de lo universal…este puro universal es revelado como sí mismo, pues este sí mismo es precisamente este interior, reflejado en sí que es alli….y que es la propia certeza de aquél sí mismo para el que es alli”[10]
Podemos concluir que Dios requiere de movimiento, es decir éste se reconoce a si mismo a través de nosotros y es ahí donde deviene con sus contradicciones, “El ser se devenga por su contradicción”.
El espíritu en busca de la verdad, necesita de las fisuras de los acontecimientos históricos para avanzar, entonces ¿Acaso será una utopía, alcanzar el espíritu absoluto dado que para llegar a éste es necesario el devenir de los acontecimientos históricos?
La contradicción es necesaria, no se soslaya a la contradicción, al contrario se le busca.
Elaboró: Ana Cristina Hernández Morales.
[1] Hegel, G.WF “La Religión Revelada en Historia de Jesús”, Madrid, Taurus, 1987 P..100
[2] Ibid. pag 100
[3] Ibidem
[4] Ibid. pag,103
[5] Ibidem
[6] Ibid, pag. 104
[7] Ibid Pag 105, 106
[8] Ibidem
[9] Ibid, pag. 114, 115
[10] Ibid pag. 106
Hegel argumenta que a través de las contradicciones el ser devenga pero al mismo tiempo que se dan dichas contradicciones se avanza para alcanzar lo que él llama: Espíritu absoluto.
Hegel nos habla de “el sí mismo, que es la escencia absoluta”, “el movimiento y la inversión de dicha proposición”[1]. El sí mismo viene de lo particular y de lo absoluto, es decir, que cuando pensamos en lo absoluto o divino, necesariamente lo hacemos a través de lo particular, en ese sentido el espíritu se conflictua, ya que Dios se reconoce así mismo a través de nosotros,
Hegel nos muestra cómo en un enunciado donde hay sujeto y predicado, éste último es igual a la sustancia separado del sujeto, “El sí mismo es la esencia absoluta”[2]
Para abordar la vida ética, según Hegel, tiene que ser desde lo general, abstracto o universal, pues desde ahí, desde lo abstracto derrama su singularidad y a la vez ésta “Se eleva desde este contenido y su ligereza la depura en la persona” [3]”En la vida ética el sí mismo se ha hundido en el espíritu de su pueblo, es la universalidad plena” .
Al mismo tiempo su pueblo avanza a través de las fisuras que la historia va registrando, el “espíritu” camina hacia lo absoluto, es decir, que en tanto el pueblo se deviene el espíritu avanza, contradicción misma, que nace desde lo divino (abstracto), y lo terrenal (concreto)
Cuando Hegel dice que “la conciencia sólo dentro de sí es la esencia”, está imposibilitando a la representación del objeto en el sujeto dado que la esencia necesariamente, será a priori, sin embargo para saberse como objeto, necesita el reconocimiento jurídico y al darse éste se da un traslado a la conciencia en donde encontrara su verdad.
Por otro lado si bien es cierto que la religión ofrece la verdad a través de Dios (lo absoluto, divino, perfecto), para conocer dicha verdad, lo absoluto tendrá que concretarse o individualizarse a través de Jesús hijo, quien por medio del espíritu santo se encarna convirtiéndose en igual al ser humano, imperfecto, consumándose así la “trinidad”
Ahora bien, Hegel nos dice en estas dos proposiciones lo siguiente:
a). Cuando la sustancia impide al sujeto incluir al “para si”, convirtiéndose en autoconciencia, “la sustancia se enajena de sí misma y se convierte en autoconciencia”.[4] Y,
b).Cuando la autoconciencia permite al sujeto representar al objeto “cuando la autoconciencia se enajena y se convierte en coseidad o en sí mismo universal” son inversamente proporcionales pero al mismo tiempo necesitadas una de la otra dado que en ellas, al darse su acercamiento o su devenir, se encuentra el espíritu.
“….tiene una madre real, pero un padre que es es sí como la sustancia son sus dos momentos o la autoconciencia mediante cuya mutua enajenación convirtiendose cada una de ellos en el otro, el espíritu cobra se alli como su unidad”[5]
Como hemos visto la autoconciencia impide la representación del otro, es decir la autoconciencia únicamente es “en sí” y “no para si” por lo que según Hegel no existe devenir de tal modo que el “espíritu es atributo al ser alli por la imaginación”[6] y esta estada representa en la vida misma, por la
naturaleza y la historia. En cuanto al terreno religioso, utilizan estas manifestaciones de la imaginación, para demostrar su verdad, sin embargo dice Hegel, que esta significación, “no logra ninguna fe ni veneración”
Por qué Hegel nombra a la religión, religión revelada?. La Religión oferta lo absoluto, lo abstracto, sin embargo para poder entender o vivir lo que esta religión ofrece, necesariamente tendrá que ser entre iguales, entre seres humanos, por lo que lo abstracto se convierte en concreto encarnando así a la esencia divina y justo es ahí donde ésta (la esencia divida), es revelada.
“…En ella la esencia deviene sabida como espíritu o es su conciencia sobre sí de ser espíritu…Por ello en esta religión es revelada la esencia divina”[7]
La conciencia se puede manifestar en dos casos, como esencia absoluta, es decir como un sí, mismo, o bien, cuando se le concede un otro a ésta, un secreto, como diría Hegel, es decir, representando a la conciencia un objeto y siendo éste mismo el secreto, cuyo objeto será para sí. “Este ser secreto termina cuando la esencia absoluta es, como espíritu, objeto de la conciencia”[8]
No es posible llamársele espíritu absoluto en la pura esencia abstracta, dado que tiene acompañarse de su contradicción, es decir éste desciende para darse a sí mismo la forma.
Si bien es cierto que la religión busca la verdad, esta tendrá que ser a partir de su propia contradicción, es decir si su postulación máxima es Dios, siendo éste perfecto, omnipotente, a quién entonces les ofrecerá dicha búsqueda?, sino a otros inferiores a él, y para que esto se dé, tendrá que darles el libre albedrío como algo necesario para ofrecer entonces su doctrina.
“El hombre es representado como algo acaecido, como algo no necesario, como si hubiese perdido la forma de la igualdad consigo mismo al probar la fruta del árbol del conocimiento del bien y el mal, siendo arrojado fuera de la conciencia inocente de la naturaleza que se le entregaba sin trabajo del paraíso, del jardín de los animales”[9]
Hegel habla de los llamados “momentos universales” los cuales son todos aquellos incluidos en el predicado,”el bondadoso, el justo, el santo, el creador del cielo y de la tierra” y que además tienen relación directa con aquellos acontecimientos históricos los cuales son necesarios dado que encuentran “su retorno de la conciencia al seno del pensamiento” estos momentos pueden ser sabidos pero no necesariamente revelados, ya que para los primeros en todo caso son revelados así mismos y en los segundos, este sí mismo permite para el que es allí.
“Cuando esos momentos son sabidos, su fundamento y su esencia, el sujeto mismo no es aún revelado y lo mismo ocurre con las determinaciones de lo universal…este puro universal es revelado como sí mismo, pues este sí mismo es precisamente este interior, reflejado en sí que es alli….y que es la propia certeza de aquél sí mismo para el que es alli”[10]
Podemos concluir que Dios requiere de movimiento, es decir éste se reconoce a si mismo a través de nosotros y es ahí donde deviene con sus contradicciones, “El ser se devenga por su contradicción”.
El espíritu en busca de la verdad, necesita de las fisuras de los acontecimientos históricos para avanzar, entonces ¿Acaso será una utopía, alcanzar el espíritu absoluto dado que para llegar a éste es necesario el devenir de los acontecimientos históricos?
La contradicción es necesaria, no se soslaya a la contradicción, al contrario se le busca.
Elaboró: Ana Cristina Hernández Morales.
[1] Hegel, G.WF “La Religión Revelada en Historia de Jesús”, Madrid, Taurus, 1987 P..100
[2] Ibid. pag 100
[3] Ibidem
[4] Ibid. pag,103
[5] Ibidem
[6] Ibid, pag. 104
[7] Ibid Pag 105, 106
[8] Ibidem
[9] Ibid, pag. 114, 115
[10] Ibid pag. 106
miércoles, 9 de diciembre de 2009
LECTURA: SOBRE LA CIENCIA DE LA LÓGICA EN LA ENCICLOPEDIA DE LAS CIENCIAS
La lógica es la ciencia de la idea pura; esto es, la idea en el elemento abstracto del pensamiento. La lógica es la ciencia más difícil porque no opera con representaciones sensibles abstractas, sino con abstracciones puras, y requiere la fuerza y el hábito de retirarse al puro pensamiento, cerrarle y moverse dentro de él. La utilidad de la lógica se refiere a su relación con el sujeto, puesto que contribuye a la educación de la inteligencia, cualquiera que sea el fin que se proponga, y contribuye ejercitándola en el conocimiento de las leyes del pensamiento, pues es el pensamiento del pensamiento o la ciencia del pensamiento puro.
El pensamiento como actividad es, por tanto, lo universal activo y propiamente aquello que se hace a sí mismo, ya que el hecho, el producto, es justamente lo universal. La diferencia entre lo sensible y el pensamiento, consiste en que la esencia de lo primero es la individualidad, y como el individuo tomado ahora aisladamente y, por decirlo así, en estado de átomo se encuentra en determinadas conexiones con los demás objetos, lo sensible será una exterioridad reciproca.
Lo que constituye la verdad en los objetos y en los acontecimientos, lo que constituye su interioridad, lo esencial, lo que importa conocer, no se da inmediatamente en la conciencia, no es aquello que se nos ofrece a primera vista y desde el primer momento, sino que es preciso reflexionar para llegar a su verdadera naturaleza, y que ésta sólo se consigue con la reflexión.
Lo que constituye la verdad en los objetos y en los acontecimientos su interioridad, lo esencial, lo que importa conocer no se da inmediatamente en la conciencia, no es aquello que se nos ofrece a la primera vista y desde el primer momento, sino que es preciso reflexionar para llegar a su verdadera naturaleza, y que ésta sólo se consigue con la reflexión.
La verdadera naturaleza de las cosas se manifiesta por la reflexión, y el pensamiento reflexivo es mi propia actividad, las cosas pueden ser consideradas desde este punto de vista, como el producto de mi espíritu.
En el pensamiento es donde reside la libertad, porque es la actividad de lo universal y constituye una relación simple consigo misma. La reflexión
El pensamiento es concreto y es idea, la reflexión nos conduce al pensamiento a lo que hay de universal en los seres.
Hume pone, como fundamento de la verdad, la verdad de lo empírico, del sentimiento y de la intuición; y partiendo de esta verdad, combate los principios y las leyes generales por la razón de que no se justifican mediante la percepción sensible. Se parte del ser, y de él pasamos a lo abstracto del pensamiento, o por el contrario, pasamos de lo abstracto al ser.
.Bibliografía: Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, trad. Ramón Vall, Alianza, Madrid
ELABORO: Beatriz Alvear Díaz
El pensamiento como actividad es, por tanto, lo universal activo y propiamente aquello que se hace a sí mismo, ya que el hecho, el producto, es justamente lo universal. La diferencia entre lo sensible y el pensamiento, consiste en que la esencia de lo primero es la individualidad, y como el individuo tomado ahora aisladamente y, por decirlo así, en estado de átomo se encuentra en determinadas conexiones con los demás objetos, lo sensible será una exterioridad reciproca.
Lo que constituye la verdad en los objetos y en los acontecimientos, lo que constituye su interioridad, lo esencial, lo que importa conocer, no se da inmediatamente en la conciencia, no es aquello que se nos ofrece a primera vista y desde el primer momento, sino que es preciso reflexionar para llegar a su verdadera naturaleza, y que ésta sólo se consigue con la reflexión.
Lo que constituye la verdad en los objetos y en los acontecimientos su interioridad, lo esencial, lo que importa conocer no se da inmediatamente en la conciencia, no es aquello que se nos ofrece a la primera vista y desde el primer momento, sino que es preciso reflexionar para llegar a su verdadera naturaleza, y que ésta sólo se consigue con la reflexión.
La verdadera naturaleza de las cosas se manifiesta por la reflexión, y el pensamiento reflexivo es mi propia actividad, las cosas pueden ser consideradas desde este punto de vista, como el producto de mi espíritu.
En el pensamiento es donde reside la libertad, porque es la actividad de lo universal y constituye una relación simple consigo misma. La reflexión
El pensamiento es concreto y es idea, la reflexión nos conduce al pensamiento a lo que hay de universal en los seres.
Hume pone, como fundamento de la verdad, la verdad de lo empírico, del sentimiento y de la intuición; y partiendo de esta verdad, combate los principios y las leyes generales por la razón de que no se justifican mediante la percepción sensible. Se parte del ser, y de él pasamos a lo abstracto del pensamiento, o por el contrario, pasamos de lo abstracto al ser.
.Bibliografía: Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, trad. Ramón Vall, Alianza, Madrid
ELABORO: Beatriz Alvear Díaz
Lectura: sobre la Introducción a la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas de Hegel
La lectura dice sobre la Filosofía y la Religión, que mantienen objetos en común como la verdad o la del ser absoluto (Dios), la diferencia es que la filosofía debate con las ciencias y en la religión es cuestión de fe y ante eso no hay absolutamente nada que debatir, pero en Kant lo denomina cosa en sí, abstracción que todo ser humano ha pensado.
Los pensamientos, producidos por la reflexión sobre aquellos modos de la conciencia, se constituye a lo que se le llama reflexión, razonamiento y también filosofía, las pruebas metafísicas de la existencia de Dios se inventaron con el fin de hacer surgir, y como si sólo y esencialmente por medio de ellas pudiese surgir la fe y la convicción de la existencia de Dios.
La conciencia da el carácter determina a los sentimientos, intuiciones, imágenes, representaciones, fines, deberes y a los pensamientos y conceptos, Sentimientos, intuición, imagen, por otro lado una cosa es tener pensamientos y conceptos y otra saber qué sean las representaciones, intuiciones y sentimientos que corresponden a ellas, pero también tomar los pensamientos así, sin mezcla alguna, la reflexión, produce, por lo menos, este efecto: transforma los sentimientos, las representaciones, en pensamientos.
La separación de la realidad y de la idea es especialmente favorita del intelecto que toma los ensueños de sus abstracciones, en el pensamiento se dan las experiencias a través de los sentimientos; La tarea de la filosofía puede ser determinada del siguiente modo: El espíritu como sentimiento e intuición, por objeto lo sensible, como fantasía, las imágenes, y como voluntad los fines, y el
problema seria que no se conoce los conceptos que corresponden a cada representación, esto pasa en el pensamiento abstracto, la filosofía debe su origen primero a la experiencia, pero, en realidad, el pensamiento es esencialmente la negación de un existente inmediato..
La religión por muy desarrollada, o por muy generosa que sea, ya se haya elevado a conciencia científica o permanezca confinada en la simple fe o en el corazón, posee siempre la misma intensa naturaleza de satisfacer o beatificar.
Al comienzo de la filosofía, parece que ella también, como las ciencias particulares, deba empezar por un supuesto subjetivo; esto es, por un objeto particular que en las otras ciencias es el tiempo o el espacio y que en ella es el pensamiento.
.Bibliografía: Hegel, G.F. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002
Elaboró: Beatriz Alvear Díaz
Los pensamientos, producidos por la reflexión sobre aquellos modos de la conciencia, se constituye a lo que se le llama reflexión, razonamiento y también filosofía, las pruebas metafísicas de la existencia de Dios se inventaron con el fin de hacer surgir, y como si sólo y esencialmente por medio de ellas pudiese surgir la fe y la convicción de la existencia de Dios.
La conciencia da el carácter determina a los sentimientos, intuiciones, imágenes, representaciones, fines, deberes y a los pensamientos y conceptos, Sentimientos, intuición, imagen, por otro lado una cosa es tener pensamientos y conceptos y otra saber qué sean las representaciones, intuiciones y sentimientos que corresponden a ellas, pero también tomar los pensamientos así, sin mezcla alguna, la reflexión, produce, por lo menos, este efecto: transforma los sentimientos, las representaciones, en pensamientos.
La separación de la realidad y de la idea es especialmente favorita del intelecto que toma los ensueños de sus abstracciones, en el pensamiento se dan las experiencias a través de los sentimientos; La tarea de la filosofía puede ser determinada del siguiente modo: El espíritu como sentimiento e intuición, por objeto lo sensible, como fantasía, las imágenes, y como voluntad los fines, y el
problema seria que no se conoce los conceptos que corresponden a cada representación, esto pasa en el pensamiento abstracto, la filosofía debe su origen primero a la experiencia, pero, en realidad, el pensamiento es esencialmente la negación de un existente inmediato..
La religión por muy desarrollada, o por muy generosa que sea, ya se haya elevado a conciencia científica o permanezca confinada en la simple fe o en el corazón, posee siempre la misma intensa naturaleza de satisfacer o beatificar.
Al comienzo de la filosofía, parece que ella también, como las ciencias particulares, deba empezar por un supuesto subjetivo; esto es, por un objeto particular que en las otras ciencias es el tiempo o el espacio y que en ella es el pensamiento.
.Bibliografía: Hegel, G.F. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002
Elaboró: Beatriz Alvear Díaz
domingo, 6 de diciembre de 2009
Reporte de lectura sobre el Prológo y la Introducción a la Fenomenología del Espíritu
La filosofía desde el inicio de los tiempos ha sido designada como un saber problemático de donde se tiene suficiente tela de donde cortar, para que se pueda tener la validez del conocimiento. Por tales características, en la época antigua se le llamaba la Madre de todas las ciencias, pues dentro de ella estaban insertas la psicología y la física. La filosofía fue perdiendo terreno a raíz de que los distintos saberes se separaron de ella para tener su propio campo de estudio; lo que ocasionó la proliferación de las ciencias como: la química, la psicología. Sin embargo, a pesar de que ocurrió esto en los siglos pasados, todavía subsisten varios embrollos de los que no se escapa: La pluralidad de corrientes filosóficas con ver al saber armónicamente; pues nos llevan a las diferentes contradicciones, donde las tesis defendidas por un filósofo, más tarde son refutadas por otro.
¿Cuál es la alternativa que tenemos para poder analizar el saber, basándonos en las disquisiciones filosóficas? Debemos aceptar que dentro de los diferentes cambios, subsiste la contradicción[1], y que no podemos desprendernos de ella, aunque lo intentemos hacer. El alcanzar el saber que nos dé la certeza de tanto los sensible –lo que ocurre en el mundo material- como de lo que ocurre en el plano de lo no sensible –Dios– debe fundamentarse en el espíritu que tiene relación con la abstracción, con la apelación a lo absoluto. Es el desenvolvimiento del espíritu el que nos permite dar cuenta de los cambios que operan desde el ámbito religioso hasta el político, para que seamos conscientes de las transformaciones que se dan a todos niveles. “El espíritu no permanece nunca quieto, sino que se halla en movimiento incesantemente progresivo.[2]”
¿Lo que nos quiere decir que debemos comprender y entender las cosas de manera sistemática puntual y articulada? Sí. A pesar de que en antaño, sólo lo científico, correspondiera al campo de la experiencia –los experimentos realizados por Newton, al enunciar la ley de la gravedad- que es verificable y contrastable. En este sentido el espíritu, viene a ser aquello que salva del olvido las cuestiones abstractas que no tienen correlato con lo empírico. Se tiene que realizar un mayor esfuerzo, y tener entusiasmo para poder tener éxito en tal empresa.
Para que ello sea posible, el individuo tiene que realizar un gran esfuerzo por conocer, por tener al alcance de sí el saber de manera completa y no parcial. La naturaleza del ser humano es inacabada[3], por lo que constantemente puede descubrir e innovar diferentes cosas en beneficio de la humanidad, pero para ello se exige que haya un sacrificio, y la disposición hacia el progreso. Ello es posible, si el sujeto se conduce con el saber filosófico, para poder ver los pros y contras de cuestiones como el aborto y la dignidad de la persona. “Si es cierto que el embrión es en sí un ser humano, no lo es, sin embargo, para sí; para sí el ser humano sólo lo es en cuanto razón cultivada que se ha hecho a sí misma lo que es en sí.[4]” El individuo no se tiene que conformar con las opiniones vertidas que se encierran alrededor de él, y que son la causa principal de que a la filosofía se le vea de manera rara; como un saber que no aporta grandes ideas y que no sirve para nada. La opinión del vulgo descansa en que a casi cualquier cosa se le puede catalogar de filosófica[5] –en nuestros tiempos varios comentaristas de deportes se atreven a decir que existe una filosofía del fútbol.
Nuevamente es el espíritu el que nos salva y nos lleva al fundamentación, a la mirada crítica de la realidad. En tanto, debemos comprender que la mayor fuente de certeza y confiabilidad, la encontramos en el saber filosófico, en contraste con lo que ocurre con saberes de la talla de las matemáticas[6] y la historia. Descartes, cuando creyó encontrar las ideas claras y distintas por medio del complejo mundo de las matemáticas; al final de cuentas resultó ser algo problemático, que en realidad no nos daba los elementos para poder encontrar la verdad. Él mismo Descartes, quizá tardíamente se dio cuenta de ello, al postular que el único que nos puede dar la garantía de la certeza es Dios. Para poder encontrar las cosas en sí mismas o saber en realidad que es un triángulo, tenemos que recurrir al saber filosófico, donde se habla críticamente de las causas, de la universalidad. Del mismo modo ocurre con la Historia, que no ve más que en los acontecimientos hechos contingentes –las diferentes épocas de la historia– que requieren múltiples revisiones para que tengamos una versión digna de ser contada.
Dentro de la fenomenología del espíritu se pretende hablar del proceso que nos lleva a entender todas las cuestiones que se tejen dentro de la realidad, lo abstracto lo que tiene correlación con la razón, es lo que lo hace posible, pues la dialéctica se convierte en el proceso de la lucha de contrarios. “Este movimiento dialéctico que la conciencia lleva a cabo en su objeto en cuanto brota ante ella el nuevo objeto verdadero, es propiamente lo que se llamara experiencia[7]”. Hay un reconocimiento entre el sujeto y el objeto, pues ambos perviven y no pueden estar separados. Además otra de las cuestiones que se pretende tratar con la fenomenología es del acercamiento que puede tener el sujeto al saber de manera científica y bien fundamentada. Muchas veces, se piensa que las cuestiones que a primera vista parecen insignificantes no deben someterse a una revisión, a un examen cuidadoso que nos permita analizar y clarificar cada uno de los puntos que se encuentran en ellas. Se debe ver en la racionalidad, como uno de los grados más importantes de la realidad, en donde hay que someter críticamente a las cuestiones del mundo, si uno se quiere empeñar en tener una mirada más crítica.
Bibliografía:
Hegel, G. W.F “Prólogo, Introducción” en Fenomenología Del Espíritu, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
¿Cuál es la alternativa que tenemos para poder analizar el saber, basándonos en las disquisiciones filosóficas? Debemos aceptar que dentro de los diferentes cambios, subsiste la contradicción[1], y que no podemos desprendernos de ella, aunque lo intentemos hacer. El alcanzar el saber que nos dé la certeza de tanto los sensible –lo que ocurre en el mundo material- como de lo que ocurre en el plano de lo no sensible –Dios– debe fundamentarse en el espíritu que tiene relación con la abstracción, con la apelación a lo absoluto. Es el desenvolvimiento del espíritu el que nos permite dar cuenta de los cambios que operan desde el ámbito religioso hasta el político, para que seamos conscientes de las transformaciones que se dan a todos niveles. “El espíritu no permanece nunca quieto, sino que se halla en movimiento incesantemente progresivo.[2]”
¿Lo que nos quiere decir que debemos comprender y entender las cosas de manera sistemática puntual y articulada? Sí. A pesar de que en antaño, sólo lo científico, correspondiera al campo de la experiencia –los experimentos realizados por Newton, al enunciar la ley de la gravedad- que es verificable y contrastable. En este sentido el espíritu, viene a ser aquello que salva del olvido las cuestiones abstractas que no tienen correlato con lo empírico. Se tiene que realizar un mayor esfuerzo, y tener entusiasmo para poder tener éxito en tal empresa.
Para que ello sea posible, el individuo tiene que realizar un gran esfuerzo por conocer, por tener al alcance de sí el saber de manera completa y no parcial. La naturaleza del ser humano es inacabada[3], por lo que constantemente puede descubrir e innovar diferentes cosas en beneficio de la humanidad, pero para ello se exige que haya un sacrificio, y la disposición hacia el progreso. Ello es posible, si el sujeto se conduce con el saber filosófico, para poder ver los pros y contras de cuestiones como el aborto y la dignidad de la persona. “Si es cierto que el embrión es en sí un ser humano, no lo es, sin embargo, para sí; para sí el ser humano sólo lo es en cuanto razón cultivada que se ha hecho a sí misma lo que es en sí.[4]” El individuo no se tiene que conformar con las opiniones vertidas que se encierran alrededor de él, y que son la causa principal de que a la filosofía se le vea de manera rara; como un saber que no aporta grandes ideas y que no sirve para nada. La opinión del vulgo descansa en que a casi cualquier cosa se le puede catalogar de filosófica[5] –en nuestros tiempos varios comentaristas de deportes se atreven a decir que existe una filosofía del fútbol.
Nuevamente es el espíritu el que nos salva y nos lleva al fundamentación, a la mirada crítica de la realidad. En tanto, debemos comprender que la mayor fuente de certeza y confiabilidad, la encontramos en el saber filosófico, en contraste con lo que ocurre con saberes de la talla de las matemáticas[6] y la historia. Descartes, cuando creyó encontrar las ideas claras y distintas por medio del complejo mundo de las matemáticas; al final de cuentas resultó ser algo problemático, que en realidad no nos daba los elementos para poder encontrar la verdad. Él mismo Descartes, quizá tardíamente se dio cuenta de ello, al postular que el único que nos puede dar la garantía de la certeza es Dios. Para poder encontrar las cosas en sí mismas o saber en realidad que es un triángulo, tenemos que recurrir al saber filosófico, donde se habla críticamente de las causas, de la universalidad. Del mismo modo ocurre con la Historia, que no ve más que en los acontecimientos hechos contingentes –las diferentes épocas de la historia– que requieren múltiples revisiones para que tengamos una versión digna de ser contada.
Dentro de la fenomenología del espíritu se pretende hablar del proceso que nos lleva a entender todas las cuestiones que se tejen dentro de la realidad, lo abstracto lo que tiene correlación con la razón, es lo que lo hace posible, pues la dialéctica se convierte en el proceso de la lucha de contrarios. “Este movimiento dialéctico que la conciencia lleva a cabo en su objeto en cuanto brota ante ella el nuevo objeto verdadero, es propiamente lo que se llamara experiencia[7]”. Hay un reconocimiento entre el sujeto y el objeto, pues ambos perviven y no pueden estar separados. Además otra de las cuestiones que se pretende tratar con la fenomenología es del acercamiento que puede tener el sujeto al saber de manera científica y bien fundamentada. Muchas veces, se piensa que las cuestiones que a primera vista parecen insignificantes no deben someterse a una revisión, a un examen cuidadoso que nos permita analizar y clarificar cada uno de los puntos que se encuentran en ellas. Se debe ver en la racionalidad, como uno de los grados más importantes de la realidad, en donde hay que someter críticamente a las cuestiones del mundo, si uno se quiere empeñar en tener una mirada más crítica.
Bibliografía:
Hegel, G. W.F “Prólogo, Introducción” en Fenomenología Del Espíritu, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Reporte de Lectura sobre la obra de Hegel: La historia de Jesús
El hablar de los asuntos concernientes a las religiones tiene relación con lo que se vive actualmente, pues a través de los años se han ido gestando diferentes creencias que dan cuenta de la divinidad. A pesar de que los avances científicos y tecnológicos nos han dado una mayor comprensión de los sucesos, de hacer cada vez más inteligible lo que ocurre a nivel global, hay una gran variedad de cultos que van desde el Cristianismo hasta el Budismo. La religión es uno de los quehaceres inherentes al ser humano, por ser finito y mortal. En los últimos tiempos han surgido un mayor número de sectas, de iglesias que pretenden tener tras de sí la verdad sobre la divinidad.
Dentro de este contexto vale la pena que nos preguntemos: ¿Habrá algunas religiones mejores que otras? ¿Cuál es la mejor forma de acercarse a la divinidad? El cristianismo con sus diferentes vertientes, es una religión que se ha extendido alrededor del mundo ganando millones de adeptos. Y en ésta, la figura de Jesús es fundamental para entender la doctrina cristiana. La religión que más le interesa a Hegel es el cristianismo, ¿por qué? Él pretende darnos una visión moralizante y racional de la vida de Jesús, como el hombre que dejó grandes enseñanzas morales a la humanidad. Hay que partir de las revelaciones y de los testimonios que se encuentran de él en la Biblia. Si se quieren sacar realmente argumentos que tenga un valor edificante para el espíritu, es necesario prescindir de los mitos que hay en torno a la figura de Jesucristo[1], pues se le debe recordar como una persona excepcional que cambió para siempre los paradigmas de la ayuda y el amor al prójimo. Hegel, es uno de los defensores de los hombres que realmente han revolucionado a la humanidad en el plano de lo moral, para él es fundamental hablar de los retratos morales de Sócrates y de Jesús, como los defensores de la interioridad del ser humano, y que desgraciadamente ambos fueron condenado injustamente por las leyes y por el pueblo. “De esta manera se oponían siempre a Jesús los prejuicios de los judíos, quienes lejos de buscar un maestro que tratase de perfeccionar sus costumbres y librarlos de sus prejuicios contrapuestos a la moralidad, querían, por el contrario, un mesías que les liberase de la dependencia de los romanos y no encontraban en Jesús a un tal mesías[2]”.
Hay que hacer a un lado la exterioridad, que tiene relación con las apariencias del mundo material en donde lo superficial le hace daño al hombre. Como afirma Hegel respecto a Jesucristo: “Sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera están pintados y en cuyo interior mora la putrefacción; os revestís de una apariencia exterior de santidad, pero por dentro no tenéis más que hipocresía e injusticia.[3]” Seguramente más de una vez, hemos escuchado la metáfora de la luz, donde se encuentra la claridad y la distinción, permite que el hombre se pueda guiar por la sabiduría y por el buen camino. Para poder tener ese rayito de luz, es necesario que se preste atención a la escucha de relatos morales, que en este caso vienen siendo las parábolas. Debemos recordar que Jesús para impartir sus enseñanzas, lo hacía mediante éstas. ¿Por qué? Una parábola es un relato que se cuenta, en donde los hombres son los protagonistas, a diferencia de los mitos, en los que se habla de hombres y Dioses, o de las fábulas que sólo habla de animales. Por lo que para poder buscar el reino de Dios, no se necesitan muchas cosas: lo único es ser sencillo de corazón y practicar las enseñanzas de Jesús.
¿Entonces, para obtener el camino de la salvación, no es necesario pertenecer a un determinado credo religioso, con todas las implicaciones que tiene? No. A pesar de que los discursos contemporáneos de las religiones hegemónicas una y otra vez nos estén martillando: “Si no perteneces a un determinado credo, automáticamente te condenas y no obtienes la salvación”. Son argumentos que infunden temor, lo que ha hecho de las religiones un negocio progresivo y en aumento. Entonces, Hegel cree que la fraternidad se puede dar en los seres humanos independientemente de sus rasgos étnicos, religiosos y culturales, lo más importante es que se pueda hablar de un humanismo en donde confluyan los valores relacionados con la interioridad del ser humano. A lo largo de la historia se han gestado luchas en nombre de la religión que no han dejado más que la herida abierta –sangre inocente ha sido derramada- ,lo que ha ocasionado que haya una intolerancia religiosa, que en nuestros días pervive en gran medida. Lo mejor, es hablar de la práctica de los principios, de tener en cuenta a la ética, y que mejor manera de hacerlo, que recordando el legado de Jesús, como uno de los maestros morales y espirituales de todos los tiempos. Como afirma Hegel: “Así como el hombre divino singular tiene un padre que es en sí y solamente una real; así también el hombre divino universal, la comunidad, tiene por padre su propio obrar y su saber y por madre el amor eterno que se limita a sentir, pero que no intuye en su conciencia como objeto inmediato real.[4]”
Bibliografía:
Hegel, G. W.F, Historia de Jesús, Madrid, Taurus, 1987.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
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Dentro de este contexto vale la pena que nos preguntemos: ¿Habrá algunas religiones mejores que otras? ¿Cuál es la mejor forma de acercarse a la divinidad? El cristianismo con sus diferentes vertientes, es una religión que se ha extendido alrededor del mundo ganando millones de adeptos. Y en ésta, la figura de Jesús es fundamental para entender la doctrina cristiana. La religión que más le interesa a Hegel es el cristianismo, ¿por qué? Él pretende darnos una visión moralizante y racional de la vida de Jesús, como el hombre que dejó grandes enseñanzas morales a la humanidad. Hay que partir de las revelaciones y de los testimonios que se encuentran de él en la Biblia. Si se quieren sacar realmente argumentos que tenga un valor edificante para el espíritu, es necesario prescindir de los mitos que hay en torno a la figura de Jesucristo[1], pues se le debe recordar como una persona excepcional que cambió para siempre los paradigmas de la ayuda y el amor al prójimo. Hegel, es uno de los defensores de los hombres que realmente han revolucionado a la humanidad en el plano de lo moral, para él es fundamental hablar de los retratos morales de Sócrates y de Jesús, como los defensores de la interioridad del ser humano, y que desgraciadamente ambos fueron condenado injustamente por las leyes y por el pueblo. “De esta manera se oponían siempre a Jesús los prejuicios de los judíos, quienes lejos de buscar un maestro que tratase de perfeccionar sus costumbres y librarlos de sus prejuicios contrapuestos a la moralidad, querían, por el contrario, un mesías que les liberase de la dependencia de los romanos y no encontraban en Jesús a un tal mesías[2]”.
Hay que hacer a un lado la exterioridad, que tiene relación con las apariencias del mundo material en donde lo superficial le hace daño al hombre. Como afirma Hegel respecto a Jesucristo: “Sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera están pintados y en cuyo interior mora la putrefacción; os revestís de una apariencia exterior de santidad, pero por dentro no tenéis más que hipocresía e injusticia.[3]” Seguramente más de una vez, hemos escuchado la metáfora de la luz, donde se encuentra la claridad y la distinción, permite que el hombre se pueda guiar por la sabiduría y por el buen camino. Para poder tener ese rayito de luz, es necesario que se preste atención a la escucha de relatos morales, que en este caso vienen siendo las parábolas. Debemos recordar que Jesús para impartir sus enseñanzas, lo hacía mediante éstas. ¿Por qué? Una parábola es un relato que se cuenta, en donde los hombres son los protagonistas, a diferencia de los mitos, en los que se habla de hombres y Dioses, o de las fábulas que sólo habla de animales. Por lo que para poder buscar el reino de Dios, no se necesitan muchas cosas: lo único es ser sencillo de corazón y practicar las enseñanzas de Jesús.
¿Entonces, para obtener el camino de la salvación, no es necesario pertenecer a un determinado credo religioso, con todas las implicaciones que tiene? No. A pesar de que los discursos contemporáneos de las religiones hegemónicas una y otra vez nos estén martillando: “Si no perteneces a un determinado credo, automáticamente te condenas y no obtienes la salvación”. Son argumentos que infunden temor, lo que ha hecho de las religiones un negocio progresivo y en aumento. Entonces, Hegel cree que la fraternidad se puede dar en los seres humanos independientemente de sus rasgos étnicos, religiosos y culturales, lo más importante es que se pueda hablar de un humanismo en donde confluyan los valores relacionados con la interioridad del ser humano. A lo largo de la historia se han gestado luchas en nombre de la religión que no han dejado más que la herida abierta –sangre inocente ha sido derramada- ,lo que ha ocasionado que haya una intolerancia religiosa, que en nuestros días pervive en gran medida. Lo mejor, es hablar de la práctica de los principios, de tener en cuenta a la ética, y que mejor manera de hacerlo, que recordando el legado de Jesús, como uno de los maestros morales y espirituales de todos los tiempos. Como afirma Hegel: “Así como el hombre divino singular tiene un padre que es en sí y solamente una real; así también el hombre divino universal, la comunidad, tiene por padre su propio obrar y su saber y por madre el amor eterno que se limita a sentir, pero que no intuye en su conciencia como objeto inmediato real.[4]”
Bibliografía:
Hegel, G. W.F, Historia de Jesús, Madrid, Taurus, 1987.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
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Reporte de Lectura sobre la Lógica en la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, a partir de la página 29 a la 75
Reporte de Lectura sobre la Lógica en Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, 2 Parte. A partir de la página 29 a la 75 del libro de Hegel.
La lógica se ha convertido en una de las disciplinas más importantes dentro de la filosofía en los últimos años. Ésta ha tenido una evolución a lo largo del tiempo, desde Aristóteles hasta nuestros tiempos. Él es el Padre de la lógica, que armó una completa revolución dentro del campo filosófico. A lo que nos llevaría a preguntarnos: ¿Cuál era la concepción que el tenía sobre la lógica? o ¿Cuál era la concepción de la lógica en los Griegos en aquellos tiempos? La lógica o clásica, difiere de la que conocemos actualmente, pues para ellos, las representaciones sensoriales, forzosamente tenían que tener correlato con las abstracciones en el pensamiento, es decir, había una creencia en que el mundo se nos representaba tal como era. Si un griego veía una hoja de color verde, pensaba que ésta así era, y no se le ocurría pensar que el color verde, era producto de ciertas relaciones, asociaciones dentro de su mente. Sin embargo, es una lógica que tiene que ver en parte con lo particular y que está ligada a la experiencia en gran medida.
Sin embargo, la concepción de la lógica no siempre ha sido la misma, ya que ha cambiado progresivamente a través del tiempo, con lo que no es lo mismo hablar de la lógica Aristotélica, que de la lógica Hegeliana. En un sentido coloquial, diríamos que la lógica es la ciencia que ayuda a que el pensamiento se ordene, al apelarse a los argumentos, a las disquisiciones que tienen presentes los razonamientos, los silogismos, que nos llevan a una comprensión más clara de los acontecimientos, lo que la caracteriza que sea una ciencia difícil[1], que requiere tiempo y dedicación; pues ayuda al mejoramiento y la perfección de la inteligencia. Es dentro de tal designación que Hegel la coloca, en uno de los grados más altos del conocimiento, que tiene presentes las abstracciones, los conceptos, que ya no deben de formar parte de las experiencias sensoriales, pues se parte de que el mundo no es tal como se nos presenta, por lo que hay que indagar profundamente para poder tener conocimiento de él. La generalidad es la que debe de contar, haciendo caso omiso de las representaciones particulares, o las que son producto de nuestros sentidos, para poder encontrarnos con los conceptos, con los pensamientos que son producto de una reflexión filosófica.
Entonces, se abren 2 vías: La primera, tiene que ver con las representaciones, o sea con la experiencia y lo particular; la segunda tiene relación con la generalidad[2], con la elaboración de conceptos, en una palabra, con los pensamientos. Por un lado todos los seres humanos tenemos una diversidad de sensaciones; mientras que una persona puede sentir calor, otra puede sentir frío. Sin duda, las anteriores son representaciones desde el ángulo personal, o atomístico. Por otro lado, éstas también pueden estar relacionadas con nociones universales, lo que lleva a que haya ciertas concepciones dentro del derecho, la moral, subsistan a través del tiempo: El bien, la justicia, la bondad, son intemporales, porque en todas las épocas han hablado de tales conceptos. Sin embargo, las ideas de la moralidad por sí mismas, se convierten en entidades aisladas, que no nos dicen mucho, ni nos dan los elementos necesarios para poder reflexionar. ¿Qué es lo que se necesita para que podamos articular las representaciones, y que puedan ser transformadas en pensamientos? Se tiene que proceder a una reflexión filosófica, lo que hace que veamos en la generalidad la oportunidad para preguntarnos por las causas, por todas las implicaciones que puede tener una simple representación sensorial. Las distintas fragancias[3] que utilizan las personas, pueden dar la pauta para analizar un aroma en específico. Así, se obtiene que dentro del yo, de cada representación particular, nos encontremos con la generalidad del yo, que habla de la comunidad, de la pura abstracción. A su vez, nos encontramos que el análisis de la justicia, del bien, de manera fundamentada y conjunta; nos permite dar cuenta del mejor régimen político existente; y también al analizar la justicia, nos damos cuenta del grado de corrupción que impera en los países. Es por eso, que la actividad filosófica está íntimamente relacionada con los pensamientos.
En el pensamiento, donde nos podemos encontrar con la libertad[4], que nos da la posibilidad de encontrar la objetividad. En este contexto, nos encontramos con la lógica, que se asemeja a la metafísica[5], en que es una actividad estrictamente del pensamiento. El desarrollo de la lógica, como una actividad que tiene que ver con lo puramente racional, donde aparecen las contradicciones (el movimiento- reposo) Hegel la examina en la fenomenología del espíritu, que parte de un análisis dialéctico de la realidad (tesis-antítesis síntesis).
Kant, el filósofo Alemán que fue el antecesor de Hegel, le puso límites a la razón, al poder en entredicho que no podemos conocer la cosas en sí, como Dios, el alma y la inmortalidad. Una de sus obras es la crítica de la razón pura, en donde dice expresamente que no podemos ocuparnos en dedicar nuestra vida al conocimiento de Dios. En esa misma obra habla de una metodología que nos permite fundamentar el conocimiento existente dentro del mundo material, para poder tener mejores criterios para calificarlo. En la crítica de la razón práctica[6], se encarga de examinar lo particular, respecto a cuáles son las acciones correctas que hay que seguir. “La principal eficacia que ha tenido la filosofía Kantiana ha sido la de haber despertado la conciencia de esta absoluta interioridad, la cual, si bien con motivo de su carácter abstracto no puede desarrollarse de sí en modo alguno, y no puede producir ninguna determinación ni conocimientos, ni leyes morales, también, se niega, sin más, a admitir y a hacer valer en sí cualquier cosa que tenga carácter de exterioridad.[7]”
Por ello, la posición Kantiana respecto a lo que sí podemos conocer o no, es bastante clara, y pareciera que ya no debe someterse a una ulterior revisión. Sin embargo, el filósofo que vuelve a abrir ese tipo de problemáticas, para colocarlas dentro de su sistema filosófico es Hegel, ya que afirma que si se puede predicar la existencia de lo absoluto, o de Dios. Para ello, éste tiene que ser designado con una serie de predicados: como Dios existe[8], es eterno, es omnipotente. Tan sólo con mencionarlo y hablar de él, ya se está dando cuenta de su existencia, pues pareciera que existir en el pensamiento es existir realmente en la realidad –como lo había hecho San Anselmo, al dar las pruebas sobre la existencia de Dios– Pero Hegel, no quiere hablar de el Dios en el sentido Cristiano del término, como un ser único de esa religión, sino más bien de un ser universal que está presente dentro de las representaciones de la divinidad en todo el mundo, como lo pueden ser: El ídolo, para los budista, para los chinos, entre otras figuras míticas.
El conocimiento de la creencia en Dios, tiene que proceder de lo inmediato[9]. ¿Pero por qué? Tiene que haber un reconocimiento claro y preciso de él. El hombre culto, puede después de haber estudiado largo tiempo temas diversos, llegar a la resolución de problemas en unos instantes; como algún matemático experimentado que pueda dar el resultado de una ecuación. Lo mismo pasa en lo que se refiere al conocimiento de Dios. La idea de la divinidad no es una idea innata como lo había planteado Descartes, si no se debe al aprendizaje, como lo había dicho Locke, que requiere de tiempo para que pueda ser asimilada por los individuos. Y es por eso, que cuando a éstos se les pregunta sobre la existencia de Dios, pueden responder tan rápidamente, y decir si son creyentes o no.
Conclusión: Hegel, pone en tela de Juicio la doctrina de su coetáneo Kant, al empeñarse en criticar, y en resaltar todos los puntos escuálidos de la doctrina Kantiana; en sus obras, como la fenomenología del espíritu, y la enciclopedia de las ciencias filosóficas. Pues Hegel, no le pone límites al conocimiento ni de lo material, ni de lo espiritual; su filosofía la sitúa en todos los terrenos, y no deja que nada se le escape.
Bibliografía.
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
La lógica se ha convertido en una de las disciplinas más importantes dentro de la filosofía en los últimos años. Ésta ha tenido una evolución a lo largo del tiempo, desde Aristóteles hasta nuestros tiempos. Él es el Padre de la lógica, que armó una completa revolución dentro del campo filosófico. A lo que nos llevaría a preguntarnos: ¿Cuál era la concepción que el tenía sobre la lógica? o ¿Cuál era la concepción de la lógica en los Griegos en aquellos tiempos? La lógica o clásica, difiere de la que conocemos actualmente, pues para ellos, las representaciones sensoriales, forzosamente tenían que tener correlato con las abstracciones en el pensamiento, es decir, había una creencia en que el mundo se nos representaba tal como era. Si un griego veía una hoja de color verde, pensaba que ésta así era, y no se le ocurría pensar que el color verde, era producto de ciertas relaciones, asociaciones dentro de su mente. Sin embargo, es una lógica que tiene que ver en parte con lo particular y que está ligada a la experiencia en gran medida.
Sin embargo, la concepción de la lógica no siempre ha sido la misma, ya que ha cambiado progresivamente a través del tiempo, con lo que no es lo mismo hablar de la lógica Aristotélica, que de la lógica Hegeliana. En un sentido coloquial, diríamos que la lógica es la ciencia que ayuda a que el pensamiento se ordene, al apelarse a los argumentos, a las disquisiciones que tienen presentes los razonamientos, los silogismos, que nos llevan a una comprensión más clara de los acontecimientos, lo que la caracteriza que sea una ciencia difícil[1], que requiere tiempo y dedicación; pues ayuda al mejoramiento y la perfección de la inteligencia. Es dentro de tal designación que Hegel la coloca, en uno de los grados más altos del conocimiento, que tiene presentes las abstracciones, los conceptos, que ya no deben de formar parte de las experiencias sensoriales, pues se parte de que el mundo no es tal como se nos presenta, por lo que hay que indagar profundamente para poder tener conocimiento de él. La generalidad es la que debe de contar, haciendo caso omiso de las representaciones particulares, o las que son producto de nuestros sentidos, para poder encontrarnos con los conceptos, con los pensamientos que son producto de una reflexión filosófica.
Entonces, se abren 2 vías: La primera, tiene que ver con las representaciones, o sea con la experiencia y lo particular; la segunda tiene relación con la generalidad[2], con la elaboración de conceptos, en una palabra, con los pensamientos. Por un lado todos los seres humanos tenemos una diversidad de sensaciones; mientras que una persona puede sentir calor, otra puede sentir frío. Sin duda, las anteriores son representaciones desde el ángulo personal, o atomístico. Por otro lado, éstas también pueden estar relacionadas con nociones universales, lo que lleva a que haya ciertas concepciones dentro del derecho, la moral, subsistan a través del tiempo: El bien, la justicia, la bondad, son intemporales, porque en todas las épocas han hablado de tales conceptos. Sin embargo, las ideas de la moralidad por sí mismas, se convierten en entidades aisladas, que no nos dicen mucho, ni nos dan los elementos necesarios para poder reflexionar. ¿Qué es lo que se necesita para que podamos articular las representaciones, y que puedan ser transformadas en pensamientos? Se tiene que proceder a una reflexión filosófica, lo que hace que veamos en la generalidad la oportunidad para preguntarnos por las causas, por todas las implicaciones que puede tener una simple representación sensorial. Las distintas fragancias[3] que utilizan las personas, pueden dar la pauta para analizar un aroma en específico. Así, se obtiene que dentro del yo, de cada representación particular, nos encontremos con la generalidad del yo, que habla de la comunidad, de la pura abstracción. A su vez, nos encontramos que el análisis de la justicia, del bien, de manera fundamentada y conjunta; nos permite dar cuenta del mejor régimen político existente; y también al analizar la justicia, nos damos cuenta del grado de corrupción que impera en los países. Es por eso, que la actividad filosófica está íntimamente relacionada con los pensamientos.
En el pensamiento, donde nos podemos encontrar con la libertad[4], que nos da la posibilidad de encontrar la objetividad. En este contexto, nos encontramos con la lógica, que se asemeja a la metafísica[5], en que es una actividad estrictamente del pensamiento. El desarrollo de la lógica, como una actividad que tiene que ver con lo puramente racional, donde aparecen las contradicciones (el movimiento- reposo) Hegel la examina en la fenomenología del espíritu, que parte de un análisis dialéctico de la realidad (tesis-antítesis síntesis).
Kant, el filósofo Alemán que fue el antecesor de Hegel, le puso límites a la razón, al poder en entredicho que no podemos conocer la cosas en sí, como Dios, el alma y la inmortalidad. Una de sus obras es la crítica de la razón pura, en donde dice expresamente que no podemos ocuparnos en dedicar nuestra vida al conocimiento de Dios. En esa misma obra habla de una metodología que nos permite fundamentar el conocimiento existente dentro del mundo material, para poder tener mejores criterios para calificarlo. En la crítica de la razón práctica[6], se encarga de examinar lo particular, respecto a cuáles son las acciones correctas que hay que seguir. “La principal eficacia que ha tenido la filosofía Kantiana ha sido la de haber despertado la conciencia de esta absoluta interioridad, la cual, si bien con motivo de su carácter abstracto no puede desarrollarse de sí en modo alguno, y no puede producir ninguna determinación ni conocimientos, ni leyes morales, también, se niega, sin más, a admitir y a hacer valer en sí cualquier cosa que tenga carácter de exterioridad.[7]”
Por ello, la posición Kantiana respecto a lo que sí podemos conocer o no, es bastante clara, y pareciera que ya no debe someterse a una ulterior revisión. Sin embargo, el filósofo que vuelve a abrir ese tipo de problemáticas, para colocarlas dentro de su sistema filosófico es Hegel, ya que afirma que si se puede predicar la existencia de lo absoluto, o de Dios. Para ello, éste tiene que ser designado con una serie de predicados: como Dios existe[8], es eterno, es omnipotente. Tan sólo con mencionarlo y hablar de él, ya se está dando cuenta de su existencia, pues pareciera que existir en el pensamiento es existir realmente en la realidad –como lo había hecho San Anselmo, al dar las pruebas sobre la existencia de Dios– Pero Hegel, no quiere hablar de el Dios en el sentido Cristiano del término, como un ser único de esa religión, sino más bien de un ser universal que está presente dentro de las representaciones de la divinidad en todo el mundo, como lo pueden ser: El ídolo, para los budista, para los chinos, entre otras figuras míticas.
El conocimiento de la creencia en Dios, tiene que proceder de lo inmediato[9]. ¿Pero por qué? Tiene que haber un reconocimiento claro y preciso de él. El hombre culto, puede después de haber estudiado largo tiempo temas diversos, llegar a la resolución de problemas en unos instantes; como algún matemático experimentado que pueda dar el resultado de una ecuación. Lo mismo pasa en lo que se refiere al conocimiento de Dios. La idea de la divinidad no es una idea innata como lo había planteado Descartes, si no se debe al aprendizaje, como lo había dicho Locke, que requiere de tiempo para que pueda ser asimilada por los individuos. Y es por eso, que cuando a éstos se les pregunta sobre la existencia de Dios, pueden responder tan rápidamente, y decir si son creyentes o no.
Conclusión: Hegel, pone en tela de Juicio la doctrina de su coetáneo Kant, al empeñarse en criticar, y en resaltar todos los puntos escuálidos de la doctrina Kantiana; en sus obras, como la fenomenología del espíritu, y la enciclopedia de las ciencias filosóficas. Pues Hegel, no le pone límites al conocimiento ni de lo material, ni de lo espiritual; su filosofía la sitúa en todos los terrenos, y no deja que nada se le escape.
Bibliografía.
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
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