El hablar de los asuntos concernientes a las religiones tiene relación con lo que se vive actualmente, pues a través de los años se han ido gestando diferentes creencias que dan cuenta de la divinidad. A pesar de que los avances científicos y tecnológicos nos han dado una mayor comprensión de los sucesos, de hacer cada vez más inteligible lo que ocurre a nivel global, hay una gran variedad de cultos que van desde el Cristianismo hasta el Budismo. La religión es uno de los quehaceres inherentes al ser humano, por ser finito y mortal. En los últimos tiempos han surgido un mayor número de sectas, de iglesias que pretenden tener tras de sí la verdad sobre la divinidad.
Dentro de este contexto vale la pena que nos preguntemos: ¿Habrá algunas religiones mejores que otras? ¿Cuál es la mejor forma de acercarse a la divinidad? El cristianismo con sus diferentes vertientes, es una religión que se ha extendido alrededor del mundo ganando millones de adeptos. Y en ésta, la figura de Jesús es fundamental para entender la doctrina cristiana. La religión que más le interesa a Hegel es el cristianismo, ¿por qué? Él pretende darnos una visión moralizante y racional de la vida de Jesús, como el hombre que dejó grandes enseñanzas morales a la humanidad. Hay que partir de las revelaciones y de los testimonios que se encuentran de él en la Biblia. Si se quieren sacar realmente argumentos que tenga un valor edificante para el espíritu, es necesario prescindir de los mitos que hay en torno a la figura de Jesucristo[1], pues se le debe recordar como una persona excepcional que cambió para siempre los paradigmas de la ayuda y el amor al prójimo. Hegel, es uno de los defensores de los hombres que realmente han revolucionado a la humanidad en el plano de lo moral, para él es fundamental hablar de los retratos morales de Sócrates y de Jesús, como los defensores de la interioridad del ser humano, y que desgraciadamente ambos fueron condenado injustamente por las leyes y por el pueblo. “De esta manera se oponían siempre a Jesús los prejuicios de los judíos, quienes lejos de buscar un maestro que tratase de perfeccionar sus costumbres y librarlos de sus prejuicios contrapuestos a la moralidad, querían, por el contrario, un mesías que les liberase de la dependencia de los romanos y no encontraban en Jesús a un tal mesías[2]”.
Hay que hacer a un lado la exterioridad, que tiene relación con las apariencias del mundo material en donde lo superficial le hace daño al hombre. Como afirma Hegel respecto a Jesucristo: “Sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera están pintados y en cuyo interior mora la putrefacción; os revestís de una apariencia exterior de santidad, pero por dentro no tenéis más que hipocresía e injusticia.[3]” Seguramente más de una vez, hemos escuchado la metáfora de la luz, donde se encuentra la claridad y la distinción, permite que el hombre se pueda guiar por la sabiduría y por el buen camino. Para poder tener ese rayito de luz, es necesario que se preste atención a la escucha de relatos morales, que en este caso vienen siendo las parábolas. Debemos recordar que Jesús para impartir sus enseñanzas, lo hacía mediante éstas. ¿Por qué? Una parábola es un relato que se cuenta, en donde los hombres son los protagonistas, a diferencia de los mitos, en los que se habla de hombres y Dioses, o de las fábulas que sólo habla de animales. Por lo que para poder buscar el reino de Dios, no se necesitan muchas cosas: lo único es ser sencillo de corazón y practicar las enseñanzas de Jesús.
¿Entonces, para obtener el camino de la salvación, no es necesario pertenecer a un determinado credo religioso, con todas las implicaciones que tiene? No. A pesar de que los discursos contemporáneos de las religiones hegemónicas una y otra vez nos estén martillando: “Si no perteneces a un determinado credo, automáticamente te condenas y no obtienes la salvación”. Son argumentos que infunden temor, lo que ha hecho de las religiones un negocio progresivo y en aumento. Entonces, Hegel cree que la fraternidad se puede dar en los seres humanos independientemente de sus rasgos étnicos, religiosos y culturales, lo más importante es que se pueda hablar de un humanismo en donde confluyan los valores relacionados con la interioridad del ser humano. A lo largo de la historia se han gestado luchas en nombre de la religión que no han dejado más que la herida abierta –sangre inocente ha sido derramada- ,lo que ha ocasionado que haya una intolerancia religiosa, que en nuestros días pervive en gran medida. Lo mejor, es hablar de la práctica de los principios, de tener en cuenta a la ética, y que mejor manera de hacerlo, que recordando el legado de Jesús, como uno de los maestros morales y espirituales de todos los tiempos. Como afirma Hegel: “Así como el hombre divino singular tiene un padre que es en sí y solamente una real; así también el hombre divino universal, la comunidad, tiene por padre su propio obrar y su saber y por madre el amor eterno que se limita a sentir, pero que no intuye en su conciencia como objeto inmediato real.[4]”
Bibliografía:
Hegel, G. W.F, Historia de Jesús, Madrid, Taurus, 1987.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
[
Mostrando entradas con la etiqueta Georgina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Georgina. Mostrar todas las entradas
domingo, 6 de diciembre de 2009
Reporte de Lectura sobre la Lógica en la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, a partir de la página 29 a la 75
Reporte de Lectura sobre la Lógica en Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, 2 Parte. A partir de la página 29 a la 75 del libro de Hegel.
La lógica se ha convertido en una de las disciplinas más importantes dentro de la filosofía en los últimos años. Ésta ha tenido una evolución a lo largo del tiempo, desde Aristóteles hasta nuestros tiempos. Él es el Padre de la lógica, que armó una completa revolución dentro del campo filosófico. A lo que nos llevaría a preguntarnos: ¿Cuál era la concepción que el tenía sobre la lógica? o ¿Cuál era la concepción de la lógica en los Griegos en aquellos tiempos? La lógica o clásica, difiere de la que conocemos actualmente, pues para ellos, las representaciones sensoriales, forzosamente tenían que tener correlato con las abstracciones en el pensamiento, es decir, había una creencia en que el mundo se nos representaba tal como era. Si un griego veía una hoja de color verde, pensaba que ésta así era, y no se le ocurría pensar que el color verde, era producto de ciertas relaciones, asociaciones dentro de su mente. Sin embargo, es una lógica que tiene que ver en parte con lo particular y que está ligada a la experiencia en gran medida.
Sin embargo, la concepción de la lógica no siempre ha sido la misma, ya que ha cambiado progresivamente a través del tiempo, con lo que no es lo mismo hablar de la lógica Aristotélica, que de la lógica Hegeliana. En un sentido coloquial, diríamos que la lógica es la ciencia que ayuda a que el pensamiento se ordene, al apelarse a los argumentos, a las disquisiciones que tienen presentes los razonamientos, los silogismos, que nos llevan a una comprensión más clara de los acontecimientos, lo que la caracteriza que sea una ciencia difícil[1], que requiere tiempo y dedicación; pues ayuda al mejoramiento y la perfección de la inteligencia. Es dentro de tal designación que Hegel la coloca, en uno de los grados más altos del conocimiento, que tiene presentes las abstracciones, los conceptos, que ya no deben de formar parte de las experiencias sensoriales, pues se parte de que el mundo no es tal como se nos presenta, por lo que hay que indagar profundamente para poder tener conocimiento de él. La generalidad es la que debe de contar, haciendo caso omiso de las representaciones particulares, o las que son producto de nuestros sentidos, para poder encontrarnos con los conceptos, con los pensamientos que son producto de una reflexión filosófica.
Entonces, se abren 2 vías: La primera, tiene que ver con las representaciones, o sea con la experiencia y lo particular; la segunda tiene relación con la generalidad[2], con la elaboración de conceptos, en una palabra, con los pensamientos. Por un lado todos los seres humanos tenemos una diversidad de sensaciones; mientras que una persona puede sentir calor, otra puede sentir frío. Sin duda, las anteriores son representaciones desde el ángulo personal, o atomístico. Por otro lado, éstas también pueden estar relacionadas con nociones universales, lo que lleva a que haya ciertas concepciones dentro del derecho, la moral, subsistan a través del tiempo: El bien, la justicia, la bondad, son intemporales, porque en todas las épocas han hablado de tales conceptos. Sin embargo, las ideas de la moralidad por sí mismas, se convierten en entidades aisladas, que no nos dicen mucho, ni nos dan los elementos necesarios para poder reflexionar. ¿Qué es lo que se necesita para que podamos articular las representaciones, y que puedan ser transformadas en pensamientos? Se tiene que proceder a una reflexión filosófica, lo que hace que veamos en la generalidad la oportunidad para preguntarnos por las causas, por todas las implicaciones que puede tener una simple representación sensorial. Las distintas fragancias[3] que utilizan las personas, pueden dar la pauta para analizar un aroma en específico. Así, se obtiene que dentro del yo, de cada representación particular, nos encontremos con la generalidad del yo, que habla de la comunidad, de la pura abstracción. A su vez, nos encontramos que el análisis de la justicia, del bien, de manera fundamentada y conjunta; nos permite dar cuenta del mejor régimen político existente; y también al analizar la justicia, nos damos cuenta del grado de corrupción que impera en los países. Es por eso, que la actividad filosófica está íntimamente relacionada con los pensamientos.
En el pensamiento, donde nos podemos encontrar con la libertad[4], que nos da la posibilidad de encontrar la objetividad. En este contexto, nos encontramos con la lógica, que se asemeja a la metafísica[5], en que es una actividad estrictamente del pensamiento. El desarrollo de la lógica, como una actividad que tiene que ver con lo puramente racional, donde aparecen las contradicciones (el movimiento- reposo) Hegel la examina en la fenomenología del espíritu, que parte de un análisis dialéctico de la realidad (tesis-antítesis síntesis).
Kant, el filósofo Alemán que fue el antecesor de Hegel, le puso límites a la razón, al poder en entredicho que no podemos conocer la cosas en sí, como Dios, el alma y la inmortalidad. Una de sus obras es la crítica de la razón pura, en donde dice expresamente que no podemos ocuparnos en dedicar nuestra vida al conocimiento de Dios. En esa misma obra habla de una metodología que nos permite fundamentar el conocimiento existente dentro del mundo material, para poder tener mejores criterios para calificarlo. En la crítica de la razón práctica[6], se encarga de examinar lo particular, respecto a cuáles son las acciones correctas que hay que seguir. “La principal eficacia que ha tenido la filosofía Kantiana ha sido la de haber despertado la conciencia de esta absoluta interioridad, la cual, si bien con motivo de su carácter abstracto no puede desarrollarse de sí en modo alguno, y no puede producir ninguna determinación ni conocimientos, ni leyes morales, también, se niega, sin más, a admitir y a hacer valer en sí cualquier cosa que tenga carácter de exterioridad.[7]”
Por ello, la posición Kantiana respecto a lo que sí podemos conocer o no, es bastante clara, y pareciera que ya no debe someterse a una ulterior revisión. Sin embargo, el filósofo que vuelve a abrir ese tipo de problemáticas, para colocarlas dentro de su sistema filosófico es Hegel, ya que afirma que si se puede predicar la existencia de lo absoluto, o de Dios. Para ello, éste tiene que ser designado con una serie de predicados: como Dios existe[8], es eterno, es omnipotente. Tan sólo con mencionarlo y hablar de él, ya se está dando cuenta de su existencia, pues pareciera que existir en el pensamiento es existir realmente en la realidad –como lo había hecho San Anselmo, al dar las pruebas sobre la existencia de Dios– Pero Hegel, no quiere hablar de el Dios en el sentido Cristiano del término, como un ser único de esa religión, sino más bien de un ser universal que está presente dentro de las representaciones de la divinidad en todo el mundo, como lo pueden ser: El ídolo, para los budista, para los chinos, entre otras figuras míticas.
El conocimiento de la creencia en Dios, tiene que proceder de lo inmediato[9]. ¿Pero por qué? Tiene que haber un reconocimiento claro y preciso de él. El hombre culto, puede después de haber estudiado largo tiempo temas diversos, llegar a la resolución de problemas en unos instantes; como algún matemático experimentado que pueda dar el resultado de una ecuación. Lo mismo pasa en lo que se refiere al conocimiento de Dios. La idea de la divinidad no es una idea innata como lo había planteado Descartes, si no se debe al aprendizaje, como lo había dicho Locke, que requiere de tiempo para que pueda ser asimilada por los individuos. Y es por eso, que cuando a éstos se les pregunta sobre la existencia de Dios, pueden responder tan rápidamente, y decir si son creyentes o no.
Conclusión: Hegel, pone en tela de Juicio la doctrina de su coetáneo Kant, al empeñarse en criticar, y en resaltar todos los puntos escuálidos de la doctrina Kantiana; en sus obras, como la fenomenología del espíritu, y la enciclopedia de las ciencias filosóficas. Pues Hegel, no le pone límites al conocimiento ni de lo material, ni de lo espiritual; su filosofía la sitúa en todos los terrenos, y no deja que nada se le escape.
Bibliografía.
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
La lógica se ha convertido en una de las disciplinas más importantes dentro de la filosofía en los últimos años. Ésta ha tenido una evolución a lo largo del tiempo, desde Aristóteles hasta nuestros tiempos. Él es el Padre de la lógica, que armó una completa revolución dentro del campo filosófico. A lo que nos llevaría a preguntarnos: ¿Cuál era la concepción que el tenía sobre la lógica? o ¿Cuál era la concepción de la lógica en los Griegos en aquellos tiempos? La lógica o clásica, difiere de la que conocemos actualmente, pues para ellos, las representaciones sensoriales, forzosamente tenían que tener correlato con las abstracciones en el pensamiento, es decir, había una creencia en que el mundo se nos representaba tal como era. Si un griego veía una hoja de color verde, pensaba que ésta así era, y no se le ocurría pensar que el color verde, era producto de ciertas relaciones, asociaciones dentro de su mente. Sin embargo, es una lógica que tiene que ver en parte con lo particular y que está ligada a la experiencia en gran medida.
Sin embargo, la concepción de la lógica no siempre ha sido la misma, ya que ha cambiado progresivamente a través del tiempo, con lo que no es lo mismo hablar de la lógica Aristotélica, que de la lógica Hegeliana. En un sentido coloquial, diríamos que la lógica es la ciencia que ayuda a que el pensamiento se ordene, al apelarse a los argumentos, a las disquisiciones que tienen presentes los razonamientos, los silogismos, que nos llevan a una comprensión más clara de los acontecimientos, lo que la caracteriza que sea una ciencia difícil[1], que requiere tiempo y dedicación; pues ayuda al mejoramiento y la perfección de la inteligencia. Es dentro de tal designación que Hegel la coloca, en uno de los grados más altos del conocimiento, que tiene presentes las abstracciones, los conceptos, que ya no deben de formar parte de las experiencias sensoriales, pues se parte de que el mundo no es tal como se nos presenta, por lo que hay que indagar profundamente para poder tener conocimiento de él. La generalidad es la que debe de contar, haciendo caso omiso de las representaciones particulares, o las que son producto de nuestros sentidos, para poder encontrarnos con los conceptos, con los pensamientos que son producto de una reflexión filosófica.
Entonces, se abren 2 vías: La primera, tiene que ver con las representaciones, o sea con la experiencia y lo particular; la segunda tiene relación con la generalidad[2], con la elaboración de conceptos, en una palabra, con los pensamientos. Por un lado todos los seres humanos tenemos una diversidad de sensaciones; mientras que una persona puede sentir calor, otra puede sentir frío. Sin duda, las anteriores son representaciones desde el ángulo personal, o atomístico. Por otro lado, éstas también pueden estar relacionadas con nociones universales, lo que lleva a que haya ciertas concepciones dentro del derecho, la moral, subsistan a través del tiempo: El bien, la justicia, la bondad, son intemporales, porque en todas las épocas han hablado de tales conceptos. Sin embargo, las ideas de la moralidad por sí mismas, se convierten en entidades aisladas, que no nos dicen mucho, ni nos dan los elementos necesarios para poder reflexionar. ¿Qué es lo que se necesita para que podamos articular las representaciones, y que puedan ser transformadas en pensamientos? Se tiene que proceder a una reflexión filosófica, lo que hace que veamos en la generalidad la oportunidad para preguntarnos por las causas, por todas las implicaciones que puede tener una simple representación sensorial. Las distintas fragancias[3] que utilizan las personas, pueden dar la pauta para analizar un aroma en específico. Así, se obtiene que dentro del yo, de cada representación particular, nos encontremos con la generalidad del yo, que habla de la comunidad, de la pura abstracción. A su vez, nos encontramos que el análisis de la justicia, del bien, de manera fundamentada y conjunta; nos permite dar cuenta del mejor régimen político existente; y también al analizar la justicia, nos damos cuenta del grado de corrupción que impera en los países. Es por eso, que la actividad filosófica está íntimamente relacionada con los pensamientos.
En el pensamiento, donde nos podemos encontrar con la libertad[4], que nos da la posibilidad de encontrar la objetividad. En este contexto, nos encontramos con la lógica, que se asemeja a la metafísica[5], en que es una actividad estrictamente del pensamiento. El desarrollo de la lógica, como una actividad que tiene que ver con lo puramente racional, donde aparecen las contradicciones (el movimiento- reposo) Hegel la examina en la fenomenología del espíritu, que parte de un análisis dialéctico de la realidad (tesis-antítesis síntesis).
Kant, el filósofo Alemán que fue el antecesor de Hegel, le puso límites a la razón, al poder en entredicho que no podemos conocer la cosas en sí, como Dios, el alma y la inmortalidad. Una de sus obras es la crítica de la razón pura, en donde dice expresamente que no podemos ocuparnos en dedicar nuestra vida al conocimiento de Dios. En esa misma obra habla de una metodología que nos permite fundamentar el conocimiento existente dentro del mundo material, para poder tener mejores criterios para calificarlo. En la crítica de la razón práctica[6], se encarga de examinar lo particular, respecto a cuáles son las acciones correctas que hay que seguir. “La principal eficacia que ha tenido la filosofía Kantiana ha sido la de haber despertado la conciencia de esta absoluta interioridad, la cual, si bien con motivo de su carácter abstracto no puede desarrollarse de sí en modo alguno, y no puede producir ninguna determinación ni conocimientos, ni leyes morales, también, se niega, sin más, a admitir y a hacer valer en sí cualquier cosa que tenga carácter de exterioridad.[7]”
Por ello, la posición Kantiana respecto a lo que sí podemos conocer o no, es bastante clara, y pareciera que ya no debe someterse a una ulterior revisión. Sin embargo, el filósofo que vuelve a abrir ese tipo de problemáticas, para colocarlas dentro de su sistema filosófico es Hegel, ya que afirma que si se puede predicar la existencia de lo absoluto, o de Dios. Para ello, éste tiene que ser designado con una serie de predicados: como Dios existe[8], es eterno, es omnipotente. Tan sólo con mencionarlo y hablar de él, ya se está dando cuenta de su existencia, pues pareciera que existir en el pensamiento es existir realmente en la realidad –como lo había hecho San Anselmo, al dar las pruebas sobre la existencia de Dios– Pero Hegel, no quiere hablar de el Dios en el sentido Cristiano del término, como un ser único de esa religión, sino más bien de un ser universal que está presente dentro de las representaciones de la divinidad en todo el mundo, como lo pueden ser: El ídolo, para los budista, para los chinos, entre otras figuras míticas.
El conocimiento de la creencia en Dios, tiene que proceder de lo inmediato[9]. ¿Pero por qué? Tiene que haber un reconocimiento claro y preciso de él. El hombre culto, puede después de haber estudiado largo tiempo temas diversos, llegar a la resolución de problemas en unos instantes; como algún matemático experimentado que pueda dar el resultado de una ecuación. Lo mismo pasa en lo que se refiere al conocimiento de Dios. La idea de la divinidad no es una idea innata como lo había planteado Descartes, si no se debe al aprendizaje, como lo había dicho Locke, que requiere de tiempo para que pueda ser asimilada por los individuos. Y es por eso, que cuando a éstos se les pregunta sobre la existencia de Dios, pueden responder tan rápidamente, y decir si son creyentes o no.
Conclusión: Hegel, pone en tela de Juicio la doctrina de su coetáneo Kant, al empeñarse en criticar, y en resaltar todos los puntos escuálidos de la doctrina Kantiana; en sus obras, como la fenomenología del espíritu, y la enciclopedia de las ciencias filosóficas. Pues Hegel, no le pone límites al conocimiento ni de lo material, ni de lo espiritual; su filosofía la sitúa en todos los terrenos, y no deja que nada se le escape.
Bibliografía.
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Reporte de Lectura sobre la "Fenomenología del Espíritu", que forma parte del Espíritu Subjetivo, dentro de la Enciclopedia de las Ciencias Filosófica
Antes de Kant, se consideraba que la consciencia tenía relación con las nociones mágicas o místicas, es decir, que el razonamiento se llevaba a cabo automáticamente. Él, es uno de los pensadores que hace la distinción entre: conciencia intuitiva y conciencia discursiva, la primera tiene que ver con lo que ocurre con los datos exteriores que son percibidos por los sentidos, la segunda tiene que ver con lo que se lleva a cabo dentro del aparato conceptual del individuo –el entendimiento- que se basa en categorías que son necesarias para llegar al razonamiento puro, libre de todo tipo de condicionamientos sensibles. Él, pensaba que debía existir una conexión entre el hombre y el mundo, para lo cual hace la separación entre el sujeto y el objeto; y hace énfasis en que el primero pone las condiciones bajo las cuales quiere conocer. Lo prioritario es hablar de la conceptualización fenoménica de los datos de los sentidos, para lo cual hay que hablar de lo que se ubica espacio-temporalmente. Entonces, ¿Qué es la consciencia de acuerdo al Kantismo? Para poder tener una percepción de lo que acontece en la realidad tiene que darse un proceso, o sea el paso de la conciencia intuitiva hacia la consciencia recursiva, lo que constituye un cambio en la manera de concebir la conciencia respecto a la noción tradicional, que la concebía como algo automático, sin grandes complicaciones que no sabían explicar lo que ocurría al interior del aparato cognoscitivo.
Hegel no conforme con los planteamientos Kantianos de la conciencia, decide llevar las cosas más lejos, al mencionar que lo que Kant describe respecto a ésta, es algo parcial que únicamente queda reducido al plano de los fenómenos, lo que la convierte en algo de carácter subjetivo, que no tiene validez de las determinaciones objetivas y absolutas, que son la figura del espíritu. Para ello, el tiene que analizar detalladamente cada una de las etapas por las que pasa la conciencia, a través de las mediaciones hasta llegar al conocimiento absoluto, así se hace la siguiente división: conciencia sensible, autoconciencia y autoconsciencia absoluta, que se presenta dentro del espíritu y la máxima expresión de la razón. La primera, hace mención de lo que ocurre en el campo de la sensibilidad.
Lo sensible es aquello que entra por nuestros sentidos, o sea se trata de percibir lo que ocurre dentro del mundo material. El tener los datos sensitivos permite que podamos reconocer y nombrar los objetos como una mesa una silla. Todos los días tenemos contacto con objetos del mundo exterior, pues para tener presente nuestra existencia implica tener acceso toda una gama de sensaciones; cuando esto lo realizamos así, nos colocamos en el plano de la conciencia sensible. Los hechos sensibles también reciben el calificativo de hechos particulares y frecuentemente hacemos descripciones[1] detalladas como: El cielo está azul, La casa está bonita. Y así, tenemos que otra de las características de lo particular es la contingencia, los cambios que va experimentando, por estar colocado en el terreno de lo perecedero. Mediante las percepciones una parte de nuestra identidad se va constituyendo, es el yo el que lo va realizando, para tener consciencia de su existencia.
El punto de la relevancia del percibir ya había sido expuesto por Kant[2], cuando habla de que dentro de las ciencias debe pervivir la experimentación –empiricidad– como el punto de partida que nos lleva a la validación y verificación de los datos empíricos, que sirve para que científicamente se puedan esbozar: teorías, axiomas. Las ciencias dentro del mundo pos kantiano y post hegeliano (actualmente) tienen que trabajar de esta manera, y por eso los campos disciplinares de las ciencias se han expandido había el horizonte de la empiricidad lo que ha hecho posible el surgimiento de nuevas disciplinas como la genética. Lo particular se convierte en la puerta de entrada para el conocimiento de lo general. Existe un continuo llamado a que no nos conformemos con lo que la consciencia sensible nos ofrece, para llegar al pensamiento elaborado que se gesta dentro de la autoconsciencia. El camino para convertir lo singular en lo abstracto, se lleva a cabo mediante el intelecto.
Así, lo singular se convierte en la materia prima con la que éste trabaja para poder hacer generalizaciones, lo que nos coloca en otra de las dimensiones de la consciencia que es: La autoconsciencia[3] tiene un grado más elevado de la consciencia sensible, y es donde el yo reflexiona de manera integral sobre su existencia, apuntando hacia el espíritu. El yo tiene apetito por conocer los fundamentos racionales que rigen al mundo dentro de todos los ámbitos. Por eso, la consciencia se va elevando para poder alcanzar la certeza y la comprensión de lo absoluto. Se trata de un yo que no se quiere ver limitado por las condiciones propias de la finitud, y trata de ver las últimas consecuencias del conocimiento, al ir escalando por los diferentes grados de la consciencia.
La autoconsciencia tiene que llevar la delantera, pues subsume a la consciencia sensible dando determinaciones de los objetos, y cuando nos hallamos con la autoconsciencia re cognoscitiva, lo que está por encima de la consciencia, es la autoconsciencia re cognoscitiva, la cual tiene que vigilar el funcionamiento de la autoconsciencia. Ésta toda vía está emparentada con la inmediatividad, ya es aquí donde el yo tiene apetito del conocimiento que no se satisface. La autoconsciencia recognoscitiva[4] regula la relación entre la consciencia sensible y la autoconsciencia, para que ambas puedan funcionar conjuntamente, en una relación de interdependencia, que da como resultado que ambas se complementen, lo que constituye el camino para llegar a la consciencia absoluta, como uno de los grados más altos del conocimiento, donde tiene cabida la afirmación; porque ya se han superado las contradicciones necesarias entre la consciencia y la autoconsciencia, lo que da como resultado que la objetividad tenga validez. “Como la vida es tan esencial como la libertad, la lucha termina primeramente como negación unilateral con la desigualdad; esto es, que uno de los combatientes prefiere la vida, se mantiene como autoconciencia singular; pero abandona su pretensión al reconocimiento; pero el otro se aferra a su relación consigo mismo, y es conocido el primero supeditado. Ésta es la relación de su señoría y su servidumbre.[5]”
Por tal motivo, la autoconsciencia universal[6] tiene independencia y representa la unión de la consciencia sensible con la autoconsciencia, así podemos tener la fundamentación absoluta y esencial de la moral –lo relativo a los valores universales– de lo concerniente al buen funcionamiento de las instituciones sociales como: El estado y la familia.
El análisis kantiano de la consciencia se queda corto, ya que sólo apela a lo fenoménico, que queda reducido a una relación desigual entre el sujeto y el objeto, donde el primero sólo determina al objeto. Por lo que Hegel, rompe con la tradición Kantiana, al pronunciarse por la unión que se debe manifestar entre la consciencia sensible y la autoconsciencia, lo que nos lleva a la autoconsciencia universal, como aquello que está más allá de lo fenoménico, y se localiza en lo espiritual, la base para la fundamentación racional absoluta de la realidad, lo que lleva a que se formulen juicios esenciales y determinantes de la moral, de la religión; de ahí que sea designado como la fenomenología de espíritu.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Porrúa, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Hegel no conforme con los planteamientos Kantianos de la conciencia, decide llevar las cosas más lejos, al mencionar que lo que Kant describe respecto a ésta, es algo parcial que únicamente queda reducido al plano de los fenómenos, lo que la convierte en algo de carácter subjetivo, que no tiene validez de las determinaciones objetivas y absolutas, que son la figura del espíritu. Para ello, el tiene que analizar detalladamente cada una de las etapas por las que pasa la conciencia, a través de las mediaciones hasta llegar al conocimiento absoluto, así se hace la siguiente división: conciencia sensible, autoconciencia y autoconsciencia absoluta, que se presenta dentro del espíritu y la máxima expresión de la razón. La primera, hace mención de lo que ocurre en el campo de la sensibilidad.
Lo sensible es aquello que entra por nuestros sentidos, o sea se trata de percibir lo que ocurre dentro del mundo material. El tener los datos sensitivos permite que podamos reconocer y nombrar los objetos como una mesa una silla. Todos los días tenemos contacto con objetos del mundo exterior, pues para tener presente nuestra existencia implica tener acceso toda una gama de sensaciones; cuando esto lo realizamos así, nos colocamos en el plano de la conciencia sensible. Los hechos sensibles también reciben el calificativo de hechos particulares y frecuentemente hacemos descripciones[1] detalladas como: El cielo está azul, La casa está bonita. Y así, tenemos que otra de las características de lo particular es la contingencia, los cambios que va experimentando, por estar colocado en el terreno de lo perecedero. Mediante las percepciones una parte de nuestra identidad se va constituyendo, es el yo el que lo va realizando, para tener consciencia de su existencia.
El punto de la relevancia del percibir ya había sido expuesto por Kant[2], cuando habla de que dentro de las ciencias debe pervivir la experimentación –empiricidad– como el punto de partida que nos lleva a la validación y verificación de los datos empíricos, que sirve para que científicamente se puedan esbozar: teorías, axiomas. Las ciencias dentro del mundo pos kantiano y post hegeliano (actualmente) tienen que trabajar de esta manera, y por eso los campos disciplinares de las ciencias se han expandido había el horizonte de la empiricidad lo que ha hecho posible el surgimiento de nuevas disciplinas como la genética. Lo particular se convierte en la puerta de entrada para el conocimiento de lo general. Existe un continuo llamado a que no nos conformemos con lo que la consciencia sensible nos ofrece, para llegar al pensamiento elaborado que se gesta dentro de la autoconsciencia. El camino para convertir lo singular en lo abstracto, se lleva a cabo mediante el intelecto.
Así, lo singular se convierte en la materia prima con la que éste trabaja para poder hacer generalizaciones, lo que nos coloca en otra de las dimensiones de la consciencia que es: La autoconsciencia[3] tiene un grado más elevado de la consciencia sensible, y es donde el yo reflexiona de manera integral sobre su existencia, apuntando hacia el espíritu. El yo tiene apetito por conocer los fundamentos racionales que rigen al mundo dentro de todos los ámbitos. Por eso, la consciencia se va elevando para poder alcanzar la certeza y la comprensión de lo absoluto. Se trata de un yo que no se quiere ver limitado por las condiciones propias de la finitud, y trata de ver las últimas consecuencias del conocimiento, al ir escalando por los diferentes grados de la consciencia.
La autoconsciencia tiene que llevar la delantera, pues subsume a la consciencia sensible dando determinaciones de los objetos, y cuando nos hallamos con la autoconsciencia re cognoscitiva, lo que está por encima de la consciencia, es la autoconsciencia re cognoscitiva, la cual tiene que vigilar el funcionamiento de la autoconsciencia. Ésta toda vía está emparentada con la inmediatividad, ya es aquí donde el yo tiene apetito del conocimiento que no se satisface. La autoconsciencia recognoscitiva[4] regula la relación entre la consciencia sensible y la autoconsciencia, para que ambas puedan funcionar conjuntamente, en una relación de interdependencia, que da como resultado que ambas se complementen, lo que constituye el camino para llegar a la consciencia absoluta, como uno de los grados más altos del conocimiento, donde tiene cabida la afirmación; porque ya se han superado las contradicciones necesarias entre la consciencia y la autoconsciencia, lo que da como resultado que la objetividad tenga validez. “Como la vida es tan esencial como la libertad, la lucha termina primeramente como negación unilateral con la desigualdad; esto es, que uno de los combatientes prefiere la vida, se mantiene como autoconciencia singular; pero abandona su pretensión al reconocimiento; pero el otro se aferra a su relación consigo mismo, y es conocido el primero supeditado. Ésta es la relación de su señoría y su servidumbre.[5]”
Por tal motivo, la autoconsciencia universal[6] tiene independencia y representa la unión de la consciencia sensible con la autoconsciencia, así podemos tener la fundamentación absoluta y esencial de la moral –lo relativo a los valores universales– de lo concerniente al buen funcionamiento de las instituciones sociales como: El estado y la familia.
El análisis kantiano de la consciencia se queda corto, ya que sólo apela a lo fenoménico, que queda reducido a una relación desigual entre el sujeto y el objeto, donde el primero sólo determina al objeto. Por lo que Hegel, rompe con la tradición Kantiana, al pronunciarse por la unión que se debe manifestar entre la consciencia sensible y la autoconsciencia, lo que nos lleva a la autoconsciencia universal, como aquello que está más allá de lo fenoménico, y se localiza en lo espiritual, la base para la fundamentación racional absoluta de la realidad, lo que lleva a que se formulen juicios esenciales y determinantes de la moral, de la religión; de ahí que sea designado como la fenomenología de espíritu.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Porrúa, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Reporte de Lectura sobre la Antropología dentro del "Espíritu Subjetivo" en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas
Durante mucho tiempo se ha hablado del espíritu como una de las potencias que más han inquietado a la humanidad y por lo tanto, no es del todo fácil hacer una definición que nos lleve a esclarecer tal concepto. Se ha concebido tradicionalmente que el espíritu tiene que ser de naturaleza no material o simple, tal como lo consideraba Platón en uno de sus diálogos llamado el Fedón, donde se habla de la inmortalidad del alma. La naturaleza de ésta tiene que ser diferente a la del cuerpo, lo que significa que existe una dualidad entre el cuerpo y el alma, tal como Descartes lo planteaba al adjudicarle a la primera un papel primordial determinante para la formación de pensamiento, algo que se relaciona con la actividad mental. Descartes ve que lo corporal es dañino para la actividad intelectual, por lo que la existencia del hombre tiene únicamente validez en tal plano, por lo que el pronuncia. Pienso, Luego Existo.
¿Qué es lo que nos quiere decir lo anterior? En la interpretación clásica del espíritu, se le ha concebido como algo muy aparte del cuerpo, y de las motivaciones que están presentes en éste. La dualidad entre el cuerpo y la mente, hace que sean elementos contrapuestos entre sí, lo que da pie a que se hable separadamente de ellos. Los pensadores anteriores a Hegel, habían hecho muchas escisiones, para poder estudiar la realidad de manera separara, con lo cual se hablaba entre otras cosas, de la revolución copernicana realizada por Kant que postula: el sujeto sólo debe determinar al objeto. Sin embargo, esta manera resulta muy problemática para encarar la realidad; por lo que hay que recurrir a hacer valoraciones integrales que nos permitan comprender y entender el punto de vista más adecuado. Hegel se convierte en el pensador que quiere que la realidad se aborde bajo la égida de una concepción integral-racional, y para ello no se tienen que concebir al objeto y al sujeto como entidades separadas, sino como entidades que se determinan mutuamente; y lo mismo sucede con el alma[1] (con el espíritu) y el cuerpo. Ello da posibilidad que el conocimiento del sujeto y del mundo sea más comprensible.
Particularmente hay que partir del conocimiento de sí mismo, no como algo sumamente complicado en donde convergen interpretaciones metafísicas, sino como algo en donde se encuentran las pasiones, los defectos y virtudes del ser humano. Hay que proceder Socráticamente[2] en el conocimiento del sujeto para poder comprenderlo y estudiarlo antropológicamente mejor. ¿Entonces, desde una concepción Hegeliana, el espíritu tiene que ser esa parte del ser humano en donde está presente: la libertad, la negatividad, lo relativo a las pasiones? Sí. Se debe partir de que el espíritu es finito en el sentido de que pertenece al ser humano. El espíritu que se presenta tal cual como le pertenece al individuo tiene correlación con la subjetividad, es decir, con las diversas emociones que experimenta el ser humano. ¿Esto nos querrá decir que el espíritu además de tener relación con las pasiones humanas tiene relación con la inmaterialidad? Sí. La naturaleza del espíritu es equiparable a lo que ocurre dentro de los territorios de la física, en donde nos encontramos con los átomos y las partículas subatómicas. En éstos niveles, nos parece que la materia empieza a convertirse en un problema, ya que nadie ha visto un átomo, pero los estudios que se realizan, sugieren la existencia de átomos. Lo mismo sucede cuando hablamos de lo que ocurre en el calor[3], que no se puede ver a simple vista; pero con el progreso de las investigaciones científicas, actualmente es factible poder verlo, por medio de cámaras especiales. Dentro del mismo territorio de la física, la luz no tiene naturaleza material, y es uno de los fenómenos que en los últimos años en el campo astronómico se le ha dado prioridad, a raíz del descubrimiento de planetas que tienen lugar.
Como vemos, el alma no es la única potencia de carácter inmaterial con la que nos encontramos. Es necesario estudiar el mayor número de características posibles del espíritu finito, antropológicamente, tratando de ver cada uno de los detalles e implicaciones que tiene. El sueño y la vigilia se presentan como 2 estados que son esenciales para el hombre: El primero tiene relación con el reposo, que se debe tener después de un día de trabajo, y que sirve para que podamos recuperar las fuerzas perdidas durante el día; la vigilia constituye tener nuestros sentidos en alerta, lo que nos ayuda a desempeñarnos cotidianamente.
Las sensaciones se convierten en todo aquello que recibimos por medio de nuestros sentidos a través de la vista, el gusto, el olfato y el tacto. La vista sin duda, se convierte en uno de los sentidos, por el que recibimos las imágenes del mundo exterior, que procesamos para convertirlas en conceptos (la noción de árbol, de cada) que son indispensables para dar cuenta de las realidad. Tenemos que tener de cerca que tradicionalmente se le ha adjudicado un papel determinante al corazón, por la creencia de que éste es el lugar donde reside el amor. Dentro del imaginario colectivo, es común que nos encontremos con el dicho de que en el corazón está todo lo relacionado con el amor y con el desamor: Pues de aquellas personas que tienen una disposición para realizar el bien, se dice que tienen buen corazón; y en este plano, es donde nos hallamos con la figura del corazón roto, cuando se habla de una persona que ha sido decepcionada amorosamente. Es cuando se ha hablado de que el corazón tiene razones, que la razón no conoce.
Si nos podemos a hacer un análisis riguroso de las emociones tienen una conexión con lo que ocurre a nivel cerebral, lo que nos lleva a postular el carácter espiritual que pueden tener éstas. Los últimos estudios realizados a nivel de las neurociencias, han demostrado que ciertas regiones dentro del cerebro se activan, dependiendo de qué emociones experimente el individuo –tristeza, alegría, amor, odio. Las cuestiones espirituales no las podemos sentir a la manera de los objetos concretos; pero si las podemos percibir. El ser humano tiene la capacidad de reconocer no sólo sus propias emociones, sino las de los demás. Por eso, existen juicios de valor que se realizan respecto si una persona está feliz o no. Hegel, menciona que las emociones o los estados de ánimo se pueden contagiar de una persona a otra. Es importante mencionar la conexión que pueden tener los individuos entre sí, cuando experimentan emociones conjuntamente, pues cuando una mujer está encinta, tiene una vínculo con la criatura que trae en su vientre, que viene siendo una relación de alma. Numerosos estudios científicos, hablan del especial cuidado que debe tener la futura Madre durante el período de su embarazo.
¿Las relaciones entre las personas se encuentran determinadas por el sentimiento? Sí Las pasiones, las voliciones tienen un vínculo con lo que ocurre con los diferentes estados de ánimo de las persona. El sentimiento de sí, es una capa exterior del sujeto, algo que tiene relación la inmediatividad. Los afectos tienen que estar colocados como una parte que nos permite vislumbrar y conocer un poco de cómo son las personas. Las determinaciones sentimentales nos llevan a experimentar en el espíritu de ira, alegría[4]. Cuando los sentimientos únicamente encuentran un cauce por la vía de la negatividad, traen efectos dañinos y perjudiciales, no sólo para la persona que los experimenta, sino para aquellos que se encuentra su alrededor. Para evitar este tipo de inconvenientes, es necesario que el sujeto emprenda una serie de reflexiones que tengan presente el más alto aspecto espiritual. Solamente al interiorizar podemos encontrar la esencia espiritual auténtica de lo que somos. ¿Qué es lo que se necesita llevar a cabo? Una disposición que nos permita que los hábitos se encaminen de la mejor manera posible, es decir que la repetición de los buenos sentimientos, lleve a que se geste lo relativo a la moralidad. Una repetición que tenga únicamente en cuenta las pasiones negativas, conduce a la formación de hábitos negativos y perjudiciales. Si el sujeto es capaz de desprenderse de los malos hábitos, practicando buenos hábitos, puede encontrarse con el alma real: Cuando el espíritu es capaz de elevarse por encima de la exterioridad corporal, no rechazándola, sino viendo en ésta, la oportunidad que nos permite escalar hacia un punto de reflexión emparentado con la razón. “El alma en su corporalidad, formada y hecha suya propia, está como sujeto singular por sí, y la corporalidad singular por sí, y la corporalidad es, por tal modo, la exterioridad , en cuando predicado en el cual el sujeto se refiere sólo así, esta exterioridad no representa así sino al alma, y es el signo de ésta”[5].
Hegel, es un pensador que postula que para poder entender lo que acontece en la dimensión de lo espiritual del hombre, hay que ver en la relación mente-cuerpo no una dualidad en la que ambos elementos tienen que ser explicados por separado; sino como algo que tiene que ser explicado conjuntamente: Se tiene que partir de la consideración de ver las características propias del hombre, como las sensaciones, los sentimientos, que muestran su exterioridad, para que posteriormente podamos entender las manifestaciones de la interioridad que se dan en el aspecto espiritual, como la moralidad; y tal es el pensamiento hegeliano relativo a la antropología, que ha dado lugar a estudios posteriores respecto a la relación mente-cuerpo.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Porrúa, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
¿Qué es lo que nos quiere decir lo anterior? En la interpretación clásica del espíritu, se le ha concebido como algo muy aparte del cuerpo, y de las motivaciones que están presentes en éste. La dualidad entre el cuerpo y la mente, hace que sean elementos contrapuestos entre sí, lo que da pie a que se hable separadamente de ellos. Los pensadores anteriores a Hegel, habían hecho muchas escisiones, para poder estudiar la realidad de manera separara, con lo cual se hablaba entre otras cosas, de la revolución copernicana realizada por Kant que postula: el sujeto sólo debe determinar al objeto. Sin embargo, esta manera resulta muy problemática para encarar la realidad; por lo que hay que recurrir a hacer valoraciones integrales que nos permitan comprender y entender el punto de vista más adecuado. Hegel se convierte en el pensador que quiere que la realidad se aborde bajo la égida de una concepción integral-racional, y para ello no se tienen que concebir al objeto y al sujeto como entidades separadas, sino como entidades que se determinan mutuamente; y lo mismo sucede con el alma[1] (con el espíritu) y el cuerpo. Ello da posibilidad que el conocimiento del sujeto y del mundo sea más comprensible.
Particularmente hay que partir del conocimiento de sí mismo, no como algo sumamente complicado en donde convergen interpretaciones metafísicas, sino como algo en donde se encuentran las pasiones, los defectos y virtudes del ser humano. Hay que proceder Socráticamente[2] en el conocimiento del sujeto para poder comprenderlo y estudiarlo antropológicamente mejor. ¿Entonces, desde una concepción Hegeliana, el espíritu tiene que ser esa parte del ser humano en donde está presente: la libertad, la negatividad, lo relativo a las pasiones? Sí. Se debe partir de que el espíritu es finito en el sentido de que pertenece al ser humano. El espíritu que se presenta tal cual como le pertenece al individuo tiene correlación con la subjetividad, es decir, con las diversas emociones que experimenta el ser humano. ¿Esto nos querrá decir que el espíritu además de tener relación con las pasiones humanas tiene relación con la inmaterialidad? Sí. La naturaleza del espíritu es equiparable a lo que ocurre dentro de los territorios de la física, en donde nos encontramos con los átomos y las partículas subatómicas. En éstos niveles, nos parece que la materia empieza a convertirse en un problema, ya que nadie ha visto un átomo, pero los estudios que se realizan, sugieren la existencia de átomos. Lo mismo sucede cuando hablamos de lo que ocurre en el calor[3], que no se puede ver a simple vista; pero con el progreso de las investigaciones científicas, actualmente es factible poder verlo, por medio de cámaras especiales. Dentro del mismo territorio de la física, la luz no tiene naturaleza material, y es uno de los fenómenos que en los últimos años en el campo astronómico se le ha dado prioridad, a raíz del descubrimiento de planetas que tienen lugar.
Como vemos, el alma no es la única potencia de carácter inmaterial con la que nos encontramos. Es necesario estudiar el mayor número de características posibles del espíritu finito, antropológicamente, tratando de ver cada uno de los detalles e implicaciones que tiene. El sueño y la vigilia se presentan como 2 estados que son esenciales para el hombre: El primero tiene relación con el reposo, que se debe tener después de un día de trabajo, y que sirve para que podamos recuperar las fuerzas perdidas durante el día; la vigilia constituye tener nuestros sentidos en alerta, lo que nos ayuda a desempeñarnos cotidianamente.
Las sensaciones se convierten en todo aquello que recibimos por medio de nuestros sentidos a través de la vista, el gusto, el olfato y el tacto. La vista sin duda, se convierte en uno de los sentidos, por el que recibimos las imágenes del mundo exterior, que procesamos para convertirlas en conceptos (la noción de árbol, de cada) que son indispensables para dar cuenta de las realidad. Tenemos que tener de cerca que tradicionalmente se le ha adjudicado un papel determinante al corazón, por la creencia de que éste es el lugar donde reside el amor. Dentro del imaginario colectivo, es común que nos encontremos con el dicho de que en el corazón está todo lo relacionado con el amor y con el desamor: Pues de aquellas personas que tienen una disposición para realizar el bien, se dice que tienen buen corazón; y en este plano, es donde nos hallamos con la figura del corazón roto, cuando se habla de una persona que ha sido decepcionada amorosamente. Es cuando se ha hablado de que el corazón tiene razones, que la razón no conoce.
Si nos podemos a hacer un análisis riguroso de las emociones tienen una conexión con lo que ocurre a nivel cerebral, lo que nos lleva a postular el carácter espiritual que pueden tener éstas. Los últimos estudios realizados a nivel de las neurociencias, han demostrado que ciertas regiones dentro del cerebro se activan, dependiendo de qué emociones experimente el individuo –tristeza, alegría, amor, odio. Las cuestiones espirituales no las podemos sentir a la manera de los objetos concretos; pero si las podemos percibir. El ser humano tiene la capacidad de reconocer no sólo sus propias emociones, sino las de los demás. Por eso, existen juicios de valor que se realizan respecto si una persona está feliz o no. Hegel, menciona que las emociones o los estados de ánimo se pueden contagiar de una persona a otra. Es importante mencionar la conexión que pueden tener los individuos entre sí, cuando experimentan emociones conjuntamente, pues cuando una mujer está encinta, tiene una vínculo con la criatura que trae en su vientre, que viene siendo una relación de alma. Numerosos estudios científicos, hablan del especial cuidado que debe tener la futura Madre durante el período de su embarazo.
¿Las relaciones entre las personas se encuentran determinadas por el sentimiento? Sí Las pasiones, las voliciones tienen un vínculo con lo que ocurre con los diferentes estados de ánimo de las persona. El sentimiento de sí, es una capa exterior del sujeto, algo que tiene relación la inmediatividad. Los afectos tienen que estar colocados como una parte que nos permite vislumbrar y conocer un poco de cómo son las personas. Las determinaciones sentimentales nos llevan a experimentar en el espíritu de ira, alegría[4]. Cuando los sentimientos únicamente encuentran un cauce por la vía de la negatividad, traen efectos dañinos y perjudiciales, no sólo para la persona que los experimenta, sino para aquellos que se encuentra su alrededor. Para evitar este tipo de inconvenientes, es necesario que el sujeto emprenda una serie de reflexiones que tengan presente el más alto aspecto espiritual. Solamente al interiorizar podemos encontrar la esencia espiritual auténtica de lo que somos. ¿Qué es lo que se necesita llevar a cabo? Una disposición que nos permita que los hábitos se encaminen de la mejor manera posible, es decir que la repetición de los buenos sentimientos, lleve a que se geste lo relativo a la moralidad. Una repetición que tenga únicamente en cuenta las pasiones negativas, conduce a la formación de hábitos negativos y perjudiciales. Si el sujeto es capaz de desprenderse de los malos hábitos, practicando buenos hábitos, puede encontrarse con el alma real: Cuando el espíritu es capaz de elevarse por encima de la exterioridad corporal, no rechazándola, sino viendo en ésta, la oportunidad que nos permite escalar hacia un punto de reflexión emparentado con la razón. “El alma en su corporalidad, formada y hecha suya propia, está como sujeto singular por sí, y la corporalidad singular por sí, y la corporalidad es, por tal modo, la exterioridad , en cuando predicado en el cual el sujeto se refiere sólo así, esta exterioridad no representa así sino al alma, y es el signo de ésta”[5].
Hegel, es un pensador que postula que para poder entender lo que acontece en la dimensión de lo espiritual del hombre, hay que ver en la relación mente-cuerpo no una dualidad en la que ambos elementos tienen que ser explicados por separado; sino como algo que tiene que ser explicado conjuntamente: Se tiene que partir de la consideración de ver las características propias del hombre, como las sensaciones, los sentimientos, que muestran su exterioridad, para que posteriormente podamos entender las manifestaciones de la interioridad que se dan en el aspecto espiritual, como la moralidad; y tal es el pensamiento hegeliano relativo a la antropología, que ha dado lugar a estudios posteriores respecto a la relación mente-cuerpo.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Porrúa, 2004.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Reporte de Lectura sobre la lógica en "Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas de Hegel"
A
Primera posición de las sensaciones, las intuiciones, todo aquello que tiene relación con la pensamiento respecto de la objetividad
La captación de los datos del mundo exterior, sirve para tener una aproximación hacia el mundo del conocimiento. Para que las ciencias puedan llegar a sus fundamentos, es necesario que capten y analicen los datos meramente empíricos[1] (inmediatos) para que por medio de la reflexión puedan ser transformados en ideas. Pareciera que se trata de un procedimiento en donde no confluyen implicaciones, y que se trata de algo simple todo esto. Pero las cosas se complican más, cuando se intenta hablar de la existencia o no existencia de Dios. Ésta es una de las ideas metafísicas que tiene que ver con el sistema de creencias propias de una comunidad a través del tiempo: Las diferentes religiones del mundo han dado cuenta de tal idea, de diferentes formas, por ello se gestan varias concepciones de la divinidad, que van desde el Islamismo hasta el Cristianismo. Las religiones dominantes, postulan la existencias de Dios sin mostrar tantos argumentos, pues no aceptan pruebas adicionales para fundamentar tal creencia, lo que ha dado pie a que ganen millones de adeptos en todo el orbe.
De lo que se trata es de hablar de que el acercamiento a lo inmediato, que es te caso es la idea metafísica de Dios, hay que considerar una serie de factores que nos llevan a dar cuenta de ella con mayor profundidad, y fundamentación. La metafísica que no quiere procurar esto, se ha llamado dogmática[2]. ¿Entonces, cuál es la alternativa que tenemos para que podamos estudiar al absoluto, a la idea de Dios de manera crítica y articulada, y no de manera cerrada y hermética? Lo que se tiene que hacer es que debemos posicionarnos en otras de las regiones de la metafísica: La ontología, la psicología, la cosmología, y por último en la teología. La “ontología[3]” tiene que ver con las determinaciones esenciales del ser, del absoluto, como la existencia, la simplicidad –predicados que se le adjudican al ser superior. Éstas tienen que ser sometidas a criterios rigurosos para que se las examine íntegramente, y así pueda verse qué tan verdaderas resultan, y cuáles contradicciones son las que presentan. La “psicología”, se encarga de estudiar lo que ocurre dentro del espíritu humano, de las determinaciones que lo guían para ejecutar determinados comportamientos. Es muy complejo lo que ocurre dentro de la psique. La tercera rama de la metafísica es la ‘cosmología’[4], que se encarga de estudiar lo relativo a las características del mundo material: lo finito, lo perecedero, el cambio, la necesidad, y los problemas humanos relativos a la libertad y al origen del mal. Por último, nos encontramos con la “teología”, que tiene que ver con los atributos que se le adjudican a Dios: sabio, justo, bueno, etc. Éstos pueden ser examinados desde el ángulo de la finitud humana, pues puede decirse que algunos hombres poseen gran sabiduría, como en el caso de Aristóteles, y que algunos son poseedores de la justicia, con en el caso de Simón Bolívar. ¿Pero qué pasa cuando tales atributos finitos, que parcialmente están presentes en los humanos, sirven para ser aplicados a la divinidad? Sucede que Dios únicamente tiene que poseer todas las perfecciones en conjunto.
El llevar a cabo el examen de las ideas metafísicas, como la idea inmediata de Dios, conlleva a que se tengan muchos elementos en cuenta; ya que la concepción de la divinidad, de lo absoluto ha variado a través del tiempo dentro de las diferentes culturas. Pero el punto de coincidencia de las religiones monoteístas, es en predicar que Dios es todopoderoso. Con lo anterior, Hegel nos muestra que hay diferentes interpretaciones que pueden coexistir cuando se concibe a la divinidad, y no una única, como lo habían postulado pensadores como Leibniz, que concebía al absoluto como la mónada superior, que contemplaba a las demás mónadas –las cosas del mundo material. En una palabra: Se hablaría que hay un dinamismo cuando Hegel concibe a la idea inmediata de Dios, a diferencia del estatismo de pensadores como Leibniz, lo que nos permite ver la metafísica de otra manera.
B
Segunda posición del pensamiento respecto a la objetividad.
Se ha considerado que el empirismo y la metafísica son corrientes de pensamiento, que están contrapuestas y separadas entre sí[5]. Los empiristas afirman que la experiencia es la única que nos puede dar la garantía de la realidad; hay que dudar de los acontecimientos sensoriales del mundo exterior. Aquellos filósofos que están emparentados con la metafísica –muy por el contrario– opinan que las abstracciones, los pensamientos, son los que nos proporcionan los esquemas conceptuales de la objetividad del mundo. Entonces, nos encontramos con quienes encuentran los criterios de verdad, de verificación, en lo que nos muestran los sentidos, y aquellos que dudan de todo lo que tiene carácter sensible para posicionarse dentro del pensamiento abstracto. Sin embargo, tal vez nos se ha ocurrido pensar que tales posturas filosóficas pueden coincidir en algún ángulo, o en otros términos: Tanto el empirismo como la metafísica tienen en común en la fe ciega en las propuestas que presentan, porque ambas creen que esa es su verdad, de acuerdo a su propio sistema.
David Hume[6] –uno de los representantes del empirismo Inglés– lleva hasta sus últimas consecuencias tal corriente de pensamiento, niega completamente la realidad de la metafísica, incluyendo a las abstracciones, que se relacionan con las matemáticas, así que lo único que no podemos dudar es lo que se presenta ante nuestros sentidos. Por otro lado, el postula que la universalización y la necesidad no corresponden a lo que la experiencia nos aporta, sino que tiene relación con el proceso que se lleva a cabo mediante la asociación de las ideas –asociacionismo- que es producto del hábito y la repetición. Así vamos adquiriendo los diferentes conceptos, como lo es el de árbol. ¿Esto quiere decir que tanto la universalización, como la necesidad, están relacionadas con la metafísica, por que están en el campo de las abstracciones? Como vemos, ni Hume que rechazaba la metafísica, se salva de caer en ella.
Otro de los filósofos que postulan lo inabarcable y problemático que pueden ser las ideas metafísicas, es Kant, quien retoma en cierta medida los planteamientos de Hume, respecto al descrédito de la metafísica. Él a diferencia de Hume, no descarta en absoluto las ideas metafísicas trascendentales (Dios, el alma, la inmortalidad), ya que las podemos pensar, pero no conocer. Sus esfuerzos por querer colocar a la filosofía en el camino seguro de la ciencia, de la objetividad, lo llevan a proponer que el conocimiento del mundo o de la realidad, debe partir del sujeto, el cual pone las condiciones de lo que quiere conocer. Kant, es un firme defensor de la autonomía –la interioridad–que tiene el ser humano, para hablar de los fenómenos, o de las cosas del mundo sensible, y lo que tenga un carácter ajeno al individuo, es exterior, como lo es la idea metafísica de Dios. Existe una dicotomía en el pensamiento Kantiano, cuando habla de la interioridad, en contra de la exterioridad.
Para él, la objetividad de la realidad, puede encontrarse, si se parte del sujeto. Las categorías[7] se presentan como los elementos que sintetizan los datos del mundo sensible, dentro del entendimiento, para que puedan ser transformados en abstracciones, lo que permite que la razón pueda elaborar esquemas no sensibles, que llevan a la objetividad del conocimiento, del pensamiento puro e incondicionado. ¿Pero Kant no se percata que para que podamos colocarnos en la región profunda del pensamiento, no podemos renunciar en modo alguno a la metafísica? De acuerdo a la postura Hegeliana, para encontrar la objetividad, obligatoriamente en nuestro pensamiento debe tener cabida la metafísica, a la cosa en sí, que nos garantiza la racionalidad de la realidad. “En el idealismo Kantiano, en cuanto se refiere a lo racional, la mancha cae sobre el pensamiento; así que éste sería insuficiente, porque no siendo adecuado a la percepción y a una conciencia que se limite al círculo de la percepción, los pensamientos no pueden encontrarse en ella. Del contenido del pensamiento no se dice una palabra[8]”
Spinoza, postula que el ser supremo se encuentra presente en la naturaleza; en las formas que están en el mundo material. Él lo único que hace, es que reduce la existencia divina a lo finito, a lo limitado y a lo perecedero.
Hegel, al examinar detalladamente el empirismo, descubre que la metafísica no se puede hacer a un lado, confiriéndole un papel menor. Lo cambiante, lo perecedero –características del mundo material– dan pauta a que se crea en la existencia de lo ilimitado[9], de lo eterno, de lo imperecedero –características de la metafísica– llevan a postular la existencia de la cosa en sí. Ésta es la única manera por la cual el sujeto puede encontrar la objetividad, pues todo lo racional es real. Y con ello, Hegel demuestra que hay una equivalencia entre el ser y el pensar.
Bibliografía:Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Primera posición de las sensaciones, las intuiciones, todo aquello que tiene relación con la pensamiento respecto de la objetividad
La captación de los datos del mundo exterior, sirve para tener una aproximación hacia el mundo del conocimiento. Para que las ciencias puedan llegar a sus fundamentos, es necesario que capten y analicen los datos meramente empíricos[1] (inmediatos) para que por medio de la reflexión puedan ser transformados en ideas. Pareciera que se trata de un procedimiento en donde no confluyen implicaciones, y que se trata de algo simple todo esto. Pero las cosas se complican más, cuando se intenta hablar de la existencia o no existencia de Dios. Ésta es una de las ideas metafísicas que tiene que ver con el sistema de creencias propias de una comunidad a través del tiempo: Las diferentes religiones del mundo han dado cuenta de tal idea, de diferentes formas, por ello se gestan varias concepciones de la divinidad, que van desde el Islamismo hasta el Cristianismo. Las religiones dominantes, postulan la existencias de Dios sin mostrar tantos argumentos, pues no aceptan pruebas adicionales para fundamentar tal creencia, lo que ha dado pie a que ganen millones de adeptos en todo el orbe.
De lo que se trata es de hablar de que el acercamiento a lo inmediato, que es te caso es la idea metafísica de Dios, hay que considerar una serie de factores que nos llevan a dar cuenta de ella con mayor profundidad, y fundamentación. La metafísica que no quiere procurar esto, se ha llamado dogmática[2]. ¿Entonces, cuál es la alternativa que tenemos para que podamos estudiar al absoluto, a la idea de Dios de manera crítica y articulada, y no de manera cerrada y hermética? Lo que se tiene que hacer es que debemos posicionarnos en otras de las regiones de la metafísica: La ontología, la psicología, la cosmología, y por último en la teología. La “ontología[3]” tiene que ver con las determinaciones esenciales del ser, del absoluto, como la existencia, la simplicidad –predicados que se le adjudican al ser superior. Éstas tienen que ser sometidas a criterios rigurosos para que se las examine íntegramente, y así pueda verse qué tan verdaderas resultan, y cuáles contradicciones son las que presentan. La “psicología”, se encarga de estudiar lo que ocurre dentro del espíritu humano, de las determinaciones que lo guían para ejecutar determinados comportamientos. Es muy complejo lo que ocurre dentro de la psique. La tercera rama de la metafísica es la ‘cosmología’[4], que se encarga de estudiar lo relativo a las características del mundo material: lo finito, lo perecedero, el cambio, la necesidad, y los problemas humanos relativos a la libertad y al origen del mal. Por último, nos encontramos con la “teología”, que tiene que ver con los atributos que se le adjudican a Dios: sabio, justo, bueno, etc. Éstos pueden ser examinados desde el ángulo de la finitud humana, pues puede decirse que algunos hombres poseen gran sabiduría, como en el caso de Aristóteles, y que algunos son poseedores de la justicia, con en el caso de Simón Bolívar. ¿Pero qué pasa cuando tales atributos finitos, que parcialmente están presentes en los humanos, sirven para ser aplicados a la divinidad? Sucede que Dios únicamente tiene que poseer todas las perfecciones en conjunto.
El llevar a cabo el examen de las ideas metafísicas, como la idea inmediata de Dios, conlleva a que se tengan muchos elementos en cuenta; ya que la concepción de la divinidad, de lo absoluto ha variado a través del tiempo dentro de las diferentes culturas. Pero el punto de coincidencia de las religiones monoteístas, es en predicar que Dios es todopoderoso. Con lo anterior, Hegel nos muestra que hay diferentes interpretaciones que pueden coexistir cuando se concibe a la divinidad, y no una única, como lo habían postulado pensadores como Leibniz, que concebía al absoluto como la mónada superior, que contemplaba a las demás mónadas –las cosas del mundo material. En una palabra: Se hablaría que hay un dinamismo cuando Hegel concibe a la idea inmediata de Dios, a diferencia del estatismo de pensadores como Leibniz, lo que nos permite ver la metafísica de otra manera.
B
Segunda posición del pensamiento respecto a la objetividad.
Se ha considerado que el empirismo y la metafísica son corrientes de pensamiento, que están contrapuestas y separadas entre sí[5]. Los empiristas afirman que la experiencia es la única que nos puede dar la garantía de la realidad; hay que dudar de los acontecimientos sensoriales del mundo exterior. Aquellos filósofos que están emparentados con la metafísica –muy por el contrario– opinan que las abstracciones, los pensamientos, son los que nos proporcionan los esquemas conceptuales de la objetividad del mundo. Entonces, nos encontramos con quienes encuentran los criterios de verdad, de verificación, en lo que nos muestran los sentidos, y aquellos que dudan de todo lo que tiene carácter sensible para posicionarse dentro del pensamiento abstracto. Sin embargo, tal vez nos se ha ocurrido pensar que tales posturas filosóficas pueden coincidir en algún ángulo, o en otros términos: Tanto el empirismo como la metafísica tienen en común en la fe ciega en las propuestas que presentan, porque ambas creen que esa es su verdad, de acuerdo a su propio sistema.
David Hume[6] –uno de los representantes del empirismo Inglés– lleva hasta sus últimas consecuencias tal corriente de pensamiento, niega completamente la realidad de la metafísica, incluyendo a las abstracciones, que se relacionan con las matemáticas, así que lo único que no podemos dudar es lo que se presenta ante nuestros sentidos. Por otro lado, el postula que la universalización y la necesidad no corresponden a lo que la experiencia nos aporta, sino que tiene relación con el proceso que se lleva a cabo mediante la asociación de las ideas –asociacionismo- que es producto del hábito y la repetición. Así vamos adquiriendo los diferentes conceptos, como lo es el de árbol. ¿Esto quiere decir que tanto la universalización, como la necesidad, están relacionadas con la metafísica, por que están en el campo de las abstracciones? Como vemos, ni Hume que rechazaba la metafísica, se salva de caer en ella.
Otro de los filósofos que postulan lo inabarcable y problemático que pueden ser las ideas metafísicas, es Kant, quien retoma en cierta medida los planteamientos de Hume, respecto al descrédito de la metafísica. Él a diferencia de Hume, no descarta en absoluto las ideas metafísicas trascendentales (Dios, el alma, la inmortalidad), ya que las podemos pensar, pero no conocer. Sus esfuerzos por querer colocar a la filosofía en el camino seguro de la ciencia, de la objetividad, lo llevan a proponer que el conocimiento del mundo o de la realidad, debe partir del sujeto, el cual pone las condiciones de lo que quiere conocer. Kant, es un firme defensor de la autonomía –la interioridad–que tiene el ser humano, para hablar de los fenómenos, o de las cosas del mundo sensible, y lo que tenga un carácter ajeno al individuo, es exterior, como lo es la idea metafísica de Dios. Existe una dicotomía en el pensamiento Kantiano, cuando habla de la interioridad, en contra de la exterioridad.
Para él, la objetividad de la realidad, puede encontrarse, si se parte del sujeto. Las categorías[7] se presentan como los elementos que sintetizan los datos del mundo sensible, dentro del entendimiento, para que puedan ser transformados en abstracciones, lo que permite que la razón pueda elaborar esquemas no sensibles, que llevan a la objetividad del conocimiento, del pensamiento puro e incondicionado. ¿Pero Kant no se percata que para que podamos colocarnos en la región profunda del pensamiento, no podemos renunciar en modo alguno a la metafísica? De acuerdo a la postura Hegeliana, para encontrar la objetividad, obligatoriamente en nuestro pensamiento debe tener cabida la metafísica, a la cosa en sí, que nos garantiza la racionalidad de la realidad. “En el idealismo Kantiano, en cuanto se refiere a lo racional, la mancha cae sobre el pensamiento; así que éste sería insuficiente, porque no siendo adecuado a la percepción y a una conciencia que se limite al círculo de la percepción, los pensamientos no pueden encontrarse en ella. Del contenido del pensamiento no se dice una palabra[8]”
Spinoza, postula que el ser supremo se encuentra presente en la naturaleza; en las formas que están en el mundo material. Él lo único que hace, es que reduce la existencia divina a lo finito, a lo limitado y a lo perecedero.
Hegel, al examinar detalladamente el empirismo, descubre que la metafísica no se puede hacer a un lado, confiriéndole un papel menor. Lo cambiante, lo perecedero –características del mundo material– dan pauta a que se crea en la existencia de lo ilimitado[9], de lo eterno, de lo imperecedero –características de la metafísica– llevan a postular la existencia de la cosa en sí. Ésta es la única manera por la cual el sujeto puede encontrar la objetividad, pues todo lo racional es real. Y con ello, Hegel demuestra que hay una equivalencia entre el ser y el pensar.
Bibliografía:Hegel, G.F Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Reporte de Lectura sobre la Introducción a la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas de Hegel
La actividad de la filosofía, que en este caso es la reflexión, la ha colocado en ocasiones el ser considerada como la Madre de todas las ciencias. No podemos hacer a un lado tal caracterización, pues desde hace mucho tiempo se ha dicho que es un saber totalizador que se encarga de perseguir la verdad. Y no es para menos que muchos filósofos la han defendido a capa y espada, de las críticas que le hacen las otras ciencias. Es en este sentido que a la filosofía se le ha dado el hombre de todóloga, por querer explicar con satisfacción cada uno de fundamentos que rigen el mundo. Uno de los defensores de tal postura, es Hegel, un filósofo Alemán que revoluciona el mundo de la filosofía. Por consiguiente, para que podamos entender por qué él se posiciona de esa manera, mejor prosigamos a la exposición de uno de los fragmentos de su libro que se llama: La enciclopedia de las ciencias filosóficas.
La filosofía y la religión tienen en común la búsqueda de la verdad[1], o la del ser absoluto que se le ha llamado Dios. Éste constituye uno de los objetos y presupuestos a los que sin duda no podemos tener acceso –en el sentido Kantiano a lo que se le denomina cosa en sí– pues es una de las abstracciones que todo ser humano ha pensado alguna vez en su vida. Si profundizamos en los aspectos filosóficos de tal existencia metafísica, nos daremos cuenta de que no resulta del todo difícil tener una creencia respecto a lo absoluto, a pesar de que haya personas que no crean en un Dios. ¿Entonces, esto significa que para poder creer en ese ser absoluto, es necesario que lo científico, lo que tiene carácter racional, no esté peleado con los sentimientos, con la creencia o con la fe? Sí. Durante mucho tiempo ha existido una dicotomía que ha hecho que lo racional, lo que tiene estrictamente carácter científico, no deba estar ligado a los sentimientos, a las voliciones, o a las creencias.
Una de las características del ser humano es la racionalidad, lo que lo lleva a construir diferentes configuraciones de la realidad, como lo son: Los diferentes sistemas políticos y morales que imperan alrededor del mundo. A su vez, el hombre no puede desprenderse de sus voliciones y creencias, ¿Pero cómo le puede hacer el individuo para no sólo posicionarse del lado de la racional y que se olvide de los sentimientos, de la creencia. Primero, hay que entender que por medio de las representaciones inmediatas –una de las cosas a las que aludían los empiristas– donde confluyen las sensaciones, los sentimientos, pueden ser examinadas por un proceso reflexivo, que las transforma en pensamientos e ideas. Entonces vemos que se abren 2 brechas: la primera tiene que ver con los datos sensibles se le ha llamado la vía de la inmediatez, y a la segunda que tiene que ver con las abstracciones, con la formalización se le ha llamado la vía de lo mediato. Ambas representan maneras de articular para conocer el mundo. ¿Pero cómo le podemos hacer para tener una interpretación de lo más acertada posible de realidad, tomando en cuenta tanto lo inmediato como lo mediato? Se tiene que hacer el esfuerzo por tener una profunda reflexión, que nos permita convertir los datos sensibles, en ideas en pensamientos[2].
Es de humanos el filosofar, el tratar de comprender una diversidad de situaciones que van de lo político a lo económico, para hallar todas las implicaciones posibles. La filosofía es una labor que comúnmente puede ser entendida como fácil, que requiere un mínimo de esfuerzo, a lo que Hegel responde: “La actividad filosófica es una de las más elevadas a las que se puede dedicar el hombre”[3]. Es aquí, donde se procede con rigurosidad el examen de las problemáticas, algo nada sencillo. Lo racional, el desenvolvimiento del espíritu cobra fuerza para anclarse en lo profundo de la reflexión filosófica. ¿No querría decir que hay una contradicción respecto a que se ha estado señalando una y otra vez que las representaciones no deben estar peleadas con los pensamientos, cuando se habla de la preeminencia del saber filosófico? Para que podamos entender tanto el avance de la empiricidad, de la inmediatez y de la reflexión dentro de las ciencias, será necesario posicionarnos en uno de los acontecimientos que revoluciona al mundo es: La reforma protestante impulsada por Lutero. Ésta le quita un enorme poderío a la Iglesia de Medioevo, que no permitía que el conocimiento, la investigación fueran prácticas comunes, reconocidas por la comunidad.
Gracias a la reforma Luterana, el avance de la física provocó que se tenga otra concepción del hombre y del cosmos. Las leyes de Newton[4], entre ellas la de la gravitación universal, permiten el desarrollo de la física moderna –el preámbulo para el estudio de la física cuántica. Como vemos, las ciencias, entre ellas la física, han permitido que la humanidad vaya teniendo progreso. La historia, la geografía, la medicina, el derecho, tienen que ver con lo contingente, con lo parcial y accidental[5], que es producto de la experiencia. Particularmente vemos que dentro del derecho, las leyes varían de un lugar a otro, dependiendo el año de su promulgación.
El objeto de estudio de los demás saberes, ajenos a la filosofía es incompleto y parcial, mientras que el objeto de estudio de la filosofía es completo, porque se centra en los pensamientos en las abstracciones que apelan a lo absoluto, en una palabra: se habla de un sistema[6], que tiene relación con todos los órdenes del conocimiento. Dentro de la filosofía existen diferentes corrientes de pensamiento, como lo puede ser el racionalismo, el empirismo, y cada una de ellas tiene su propio sistema. Además para que el sistema filosófico pueda funcionar de una mejor manera es necesario tener en cuenta, que debe de incluirse a la cosa en sí, al ser absoluto, para que así se pueda dar cuenta de la verdad.
Conclusión: El objetivo de Hegel en la Introducción a la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, es mostrarnos el valor supremo de la filosofía, respecto a los otros órdenes del saber, porque va a los fundamentos, a los argumentos, a los principios[7]. Y a pesar de que haya una multiplicidad de corrientes ideológicas dentro del campo filosófico, cada una de ellas tiene su valor propio, en sí mismo. Para que tal saber pueda operar de esa manera Hegel hace la distinción entre: lógica, filosofía de la ciencia y filosofía del espíritu[8], que son tratadas en el desarrollo del libro.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
La filosofía y la religión tienen en común la búsqueda de la verdad[1], o la del ser absoluto que se le ha llamado Dios. Éste constituye uno de los objetos y presupuestos a los que sin duda no podemos tener acceso –en el sentido Kantiano a lo que se le denomina cosa en sí– pues es una de las abstracciones que todo ser humano ha pensado alguna vez en su vida. Si profundizamos en los aspectos filosóficos de tal existencia metafísica, nos daremos cuenta de que no resulta del todo difícil tener una creencia respecto a lo absoluto, a pesar de que haya personas que no crean en un Dios. ¿Entonces, esto significa que para poder creer en ese ser absoluto, es necesario que lo científico, lo que tiene carácter racional, no esté peleado con los sentimientos, con la creencia o con la fe? Sí. Durante mucho tiempo ha existido una dicotomía que ha hecho que lo racional, lo que tiene estrictamente carácter científico, no deba estar ligado a los sentimientos, a las voliciones, o a las creencias.
Una de las características del ser humano es la racionalidad, lo que lo lleva a construir diferentes configuraciones de la realidad, como lo son: Los diferentes sistemas políticos y morales que imperan alrededor del mundo. A su vez, el hombre no puede desprenderse de sus voliciones y creencias, ¿Pero cómo le puede hacer el individuo para no sólo posicionarse del lado de la racional y que se olvide de los sentimientos, de la creencia. Primero, hay que entender que por medio de las representaciones inmediatas –una de las cosas a las que aludían los empiristas– donde confluyen las sensaciones, los sentimientos, pueden ser examinadas por un proceso reflexivo, que las transforma en pensamientos e ideas. Entonces vemos que se abren 2 brechas: la primera tiene que ver con los datos sensibles se le ha llamado la vía de la inmediatez, y a la segunda que tiene que ver con las abstracciones, con la formalización se le ha llamado la vía de lo mediato. Ambas representan maneras de articular para conocer el mundo. ¿Pero cómo le podemos hacer para tener una interpretación de lo más acertada posible de realidad, tomando en cuenta tanto lo inmediato como lo mediato? Se tiene que hacer el esfuerzo por tener una profunda reflexión, que nos permita convertir los datos sensibles, en ideas en pensamientos[2].
Es de humanos el filosofar, el tratar de comprender una diversidad de situaciones que van de lo político a lo económico, para hallar todas las implicaciones posibles. La filosofía es una labor que comúnmente puede ser entendida como fácil, que requiere un mínimo de esfuerzo, a lo que Hegel responde: “La actividad filosófica es una de las más elevadas a las que se puede dedicar el hombre”[3]. Es aquí, donde se procede con rigurosidad el examen de las problemáticas, algo nada sencillo. Lo racional, el desenvolvimiento del espíritu cobra fuerza para anclarse en lo profundo de la reflexión filosófica. ¿No querría decir que hay una contradicción respecto a que se ha estado señalando una y otra vez que las representaciones no deben estar peleadas con los pensamientos, cuando se habla de la preeminencia del saber filosófico? Para que podamos entender tanto el avance de la empiricidad, de la inmediatez y de la reflexión dentro de las ciencias, será necesario posicionarnos en uno de los acontecimientos que revoluciona al mundo es: La reforma protestante impulsada por Lutero. Ésta le quita un enorme poderío a la Iglesia de Medioevo, que no permitía que el conocimiento, la investigación fueran prácticas comunes, reconocidas por la comunidad.
Gracias a la reforma Luterana, el avance de la física provocó que se tenga otra concepción del hombre y del cosmos. Las leyes de Newton[4], entre ellas la de la gravitación universal, permiten el desarrollo de la física moderna –el preámbulo para el estudio de la física cuántica. Como vemos, las ciencias, entre ellas la física, han permitido que la humanidad vaya teniendo progreso. La historia, la geografía, la medicina, el derecho, tienen que ver con lo contingente, con lo parcial y accidental[5], que es producto de la experiencia. Particularmente vemos que dentro del derecho, las leyes varían de un lugar a otro, dependiendo el año de su promulgación.
El objeto de estudio de los demás saberes, ajenos a la filosofía es incompleto y parcial, mientras que el objeto de estudio de la filosofía es completo, porque se centra en los pensamientos en las abstracciones que apelan a lo absoluto, en una palabra: se habla de un sistema[6], que tiene relación con todos los órdenes del conocimiento. Dentro de la filosofía existen diferentes corrientes de pensamiento, como lo puede ser el racionalismo, el empirismo, y cada una de ellas tiene su propio sistema. Además para que el sistema filosófico pueda funcionar de una mejor manera es necesario tener en cuenta, que debe de incluirse a la cosa en sí, al ser absoluto, para que así se pueda dar cuenta de la verdad.
Conclusión: El objetivo de Hegel en la Introducción a la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, es mostrarnos el valor supremo de la filosofía, respecto a los otros órdenes del saber, porque va a los fundamentos, a los argumentos, a los principios[7]. Y a pesar de que haya una multiplicidad de corrientes ideológicas dentro del campo filosófico, cada una de ellas tiene su valor propio, en sí mismo. Para que tal saber pueda operar de esa manera Hegel hace la distinción entre: lógica, filosofía de la ciencia y filosofía del espíritu[8], que son tratadas en el desarrollo del libro.
Bibliografía:
Hegel, G.F Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, México, Casa Juan Pablos, 2002.
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
viernes, 6 de noviembre de 2009
Reporte de Lectura de "La Religión Revelada" en Historia de Jesús escrita por Hegel
La religiosidad permite que se tenga una conexión con lo absoluto. Se debe tomar en cuenta que para tener los elementos necesarios que nos llevan a posicionarnos en el lado de la espiritualidad, de lo que se tiene en más alta estima, obliga hacer a un lado todos los impedimentos posibles para poder tener una aspiración a la verdad absoluta. Ésta tiene una conexión con la divinidad, pues es aquí donde se juegan los criterios y valoraciones que se deben tener de los que se ha denominado Dios. Realizar esto, en modo alguno es fácil, ya que durante el proceso histórico que ha recorrido la humanidad, han confluido una serie de creencias que nos llevan a tener múltiples visiones del mundo, lo que hace que la explicación de la realidad entre en conflicto. En una palabra: Ha habido diferentes credos que van des el politeísmo presente en los antiguos pueblos primitivos, que tenía lugar cuando se hablaba de los Dioses del sol, del agua , hasta un monoteísmo que en la actualidad domina, y en el cual están insertadas las religiones hegemónicas, como el cristianismo.
¿Pero, entonces que es lo que tenemos que llevar a cabo para poder tener una noción fidedigna de la divinidad, que nos lleve a una convergencia que nos permita estar en comunidad? En primer lugar, debe haber una desprendimiento de los contingente, que ha tenido lugar a través del tiempo, lo que nos mostrado que no hay un punto de acuerdo en la concepción de la divinidad. “Ha enmudecido la confianza en las leyes eternas de los dioses, lo mismo que la confianza en los oráculos que pasaban por conocer lo particular.1” Por un lado, se deben hacer a un lado todas las representaciones de Dios(es), que han tenido lugar dentro de las representaciones artísticas. Es sabido que dentro de la cultura Griega antigua, los griegos edificaron monumentos colosales de los Dioses, en los sitios como el Partenón –con la figura imponente del Dios Zeus, como el jefe de los Dioses del Olimpo; y en el cristianismo tiene innumerables manifestaciones del arte sacro –las más representativas las encontramos en el vaticano, el cual fue diseñado y decorado por varios genios del Renacimiento como Miguel Ángel. Es así, que no debemos atenernos a las imágenes y los símbolos que representan a la divinidad.
Para comprender la dualidad existente entre el mundo material y el mundo espiritual, tenemos que realizar una división entre lo contingente, lo parcial, que es característica de lo humano, y lo inmutable, lo omnipresente, que es característica de lo absoluto. Ello da pie a que se abran dos brechas: la primera tiene relación con la conciencia –debemos ser conscientes de nuestra finitud y del mundo perecedero, y de la autoconciencia2 que tiene una conexión con lo absoluto. Según palabras de Hegel: El terreno dominante debe caber dentro de la autoconciencia, para lo cual se debe partir de lo finito y lo perecedero, para poder llegar a la contemplación de lo absoluto. Tal camino, nos lleva a la abstracción, al pensamiento especulativo3 de la divinidad, que ya no es el de las imágenes que están presentes en las diferentes religiones, sino a la representación de la esencia de ésta. Por eso, se ha convenido que dentro de lo absoluto tienen que confluir tres personajes: El Padre, el Hijo y el Espíritu, lo que se conoce como la trinidad4. Es una división que da como resultado que el dogma de lo absoluto sea respetado y sea tenido en cuenta, como uno de los puntos clave para entender la religión revelada, lo que nos permite ver críticamente los elementos que componen ésta.
Se tiene que concebir que el mal y el bien existan como 2 elementos contrapuestos entre sí. Se sabe que el mal se originó en el mundo, cuando Eva le dio de comer a Adán, la manzana del árbol prohibido del bien y el mal, que viene siendo el de la sabiduría. La situación del mal en el mundo está relacionada con lo natural, con lo que es superficial y mundano; y el bien tiene relación con la reflexión que se gesta y está encaminada y presente en la autoconciencia. Forzosamente dentro de la religión revelada bien y el mal, nos llevan a la comprensión de todas las facetas que perviven en el mundo. Es la negatividad dentro del mal, la que hace que el bien, sea una potencia que siempre lo está desafiando. Como lo afirma Hegel: “En tanto que el ser otro se divide en dos, el espíritu sería expresado de una manera más determinada en sus momentos y, si se los contara, se expresaría como cuaternidad, o puesto que la muchedumbre se divide, a su vez, en dos partes, a saber, en la que se mantiene buena y la que se torna mala, incluso como quineida.5”
El espíritu es el que tiene relación con lo absoluto. Se le puede buscar si se apela a la autoconciencia, a lo que tiene relación con el hombre divino general, que está emparentado con la comunidad6; lo que significa ver las posibilidades que tiene la humanidad de ir hacia adelante, y de poner el mejor esfuerzo para el desarrollo y beneficio de todos.
La religión revelada, es una parte de la fenomenología que está dedicada a examinar la racionalidad de la espiritualidad de forma general; haciendo énfasis en lo absoluto, en el espíritu que lleva a replantearnos nuestra concepción de religión monoteísta.
Bibliografía:
Hegel, G. W.F, “La religión revelada” en Historia de Jesús, Madrid, Taurus, 1987, p.99
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
¿Pero, entonces que es lo que tenemos que llevar a cabo para poder tener una noción fidedigna de la divinidad, que nos lleve a una convergencia que nos permita estar en comunidad? En primer lugar, debe haber una desprendimiento de los contingente, que ha tenido lugar a través del tiempo, lo que nos mostrado que no hay un punto de acuerdo en la concepción de la divinidad. “Ha enmudecido la confianza en las leyes eternas de los dioses, lo mismo que la confianza en los oráculos que pasaban por conocer lo particular.1” Por un lado, se deben hacer a un lado todas las representaciones de Dios(es), que han tenido lugar dentro de las representaciones artísticas. Es sabido que dentro de la cultura Griega antigua, los griegos edificaron monumentos colosales de los Dioses, en los sitios como el Partenón –con la figura imponente del Dios Zeus, como el jefe de los Dioses del Olimpo; y en el cristianismo tiene innumerables manifestaciones del arte sacro –las más representativas las encontramos en el vaticano, el cual fue diseñado y decorado por varios genios del Renacimiento como Miguel Ángel. Es así, que no debemos atenernos a las imágenes y los símbolos que representan a la divinidad.
Para comprender la dualidad existente entre el mundo material y el mundo espiritual, tenemos que realizar una división entre lo contingente, lo parcial, que es característica de lo humano, y lo inmutable, lo omnipresente, que es característica de lo absoluto. Ello da pie a que se abran dos brechas: la primera tiene relación con la conciencia –debemos ser conscientes de nuestra finitud y del mundo perecedero, y de la autoconciencia2 que tiene una conexión con lo absoluto. Según palabras de Hegel: El terreno dominante debe caber dentro de la autoconciencia, para lo cual se debe partir de lo finito y lo perecedero, para poder llegar a la contemplación de lo absoluto. Tal camino, nos lleva a la abstracción, al pensamiento especulativo3 de la divinidad, que ya no es el de las imágenes que están presentes en las diferentes religiones, sino a la representación de la esencia de ésta. Por eso, se ha convenido que dentro de lo absoluto tienen que confluir tres personajes: El Padre, el Hijo y el Espíritu, lo que se conoce como la trinidad4. Es una división que da como resultado que el dogma de lo absoluto sea respetado y sea tenido en cuenta, como uno de los puntos clave para entender la religión revelada, lo que nos permite ver críticamente los elementos que componen ésta.
Se tiene que concebir que el mal y el bien existan como 2 elementos contrapuestos entre sí. Se sabe que el mal se originó en el mundo, cuando Eva le dio de comer a Adán, la manzana del árbol prohibido del bien y el mal, que viene siendo el de la sabiduría. La situación del mal en el mundo está relacionada con lo natural, con lo que es superficial y mundano; y el bien tiene relación con la reflexión que se gesta y está encaminada y presente en la autoconciencia. Forzosamente dentro de la religión revelada bien y el mal, nos llevan a la comprensión de todas las facetas que perviven en el mundo. Es la negatividad dentro del mal, la que hace que el bien, sea una potencia que siempre lo está desafiando. Como lo afirma Hegel: “En tanto que el ser otro se divide en dos, el espíritu sería expresado de una manera más determinada en sus momentos y, si se los contara, se expresaría como cuaternidad, o puesto que la muchedumbre se divide, a su vez, en dos partes, a saber, en la que se mantiene buena y la que se torna mala, incluso como quineida.5”
El espíritu es el que tiene relación con lo absoluto. Se le puede buscar si se apela a la autoconciencia, a lo que tiene relación con el hombre divino general, que está emparentado con la comunidad6; lo que significa ver las posibilidades que tiene la humanidad de ir hacia adelante, y de poner el mejor esfuerzo para el desarrollo y beneficio de todos.
La religión revelada, es una parte de la fenomenología que está dedicada a examinar la racionalidad de la espiritualidad de forma general; haciendo énfasis en lo absoluto, en el espíritu que lleva a replantearnos nuestra concepción de religión monoteísta.
Bibliografía:
Hegel, G. W.F, “La religión revelada” en Historia de Jesús, Madrid, Taurus, 1987, p.99
Elaboró: María Georgina Quintero Sánchez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)